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martes, 1 de marzo de 2011

Lola (Brillante Mendoza, Filipinas). Estreno en cines el viernes 4 de Marzo

Año: 2009
País: Filipinas
Director: Brillante Mendoza
Duración: 110 minutos
Género: Docudrama
Intérpretes: Anita Linda, Rustica Carpio,
Tanya Gomez, Ketchup Eusebio.

Introducirse en la cinematografía filipina requiere de cierta valentía, no tanto por la dificultad de encontrar cierto material fílmico procedente de este país insular situado al sudeste asiático, sino más bien para encajar ciertas temáticas recurrentes en su nada deleznable industria del Séptimo Arte, que se reproducen de película en película como testimonio historiográfico y sociológico: las miserias de una clase baja que en muchos casos sobrevive en chabolas apiladas, esa seguridad nacional que arremete contra el más débil, esos índices de criminalidad preocupantes, una clase media que lucha para no bajar de peldaño y, en definitiva, un modelo de estado cuestionable. Esa podredumbre corrupta tiene buena parte de culpa, pero también esa frágil desintegración de una sociedad que ha padecido históricamente en sus propias carnes altercados civiles de variada índole política (fruto de una mala interpretación de la Constitución), y que ha terminado por provocar un abandono de esos sentimientos patrios, esa identidad nacional arrinconada por los problemas reales que preocupan a la población.

Una visión un tanto derrotista que se aleja de ese aroma paradisíaco que a veces se ha intentado vender de Filipinas. Y es que en muchos casos, estas películas de rabiosa actualidad cubren de negro las pantallas de nuestros televisores con amargas historias contestatarias (Engkwentro de Pepe Diokno es un buen ejemplo), víctimas de un sistema que se niega a aceptarlas y que su única salida comercial parecen ser los países europeos.

Este podría ser el caso de un filme tan singular como Lola, en el que se resume de forma acertada todas las problemáticas expuestas en anterioridad en poco menos de dos horas de metraje. No por casualidad su director es el respetable Brillante Mendoza, apreciado en ciertos círculos críticos y que merecería ser descubierto por ese público que devora cine de autor sin contemplaciones. Nadie mejor que él para explicar toda esa ‘basura’ que a simple vista ahoga a su país, azotando pasiblemente a una buena parte de sus conciudadanos.

Algunos podrían pensar que, al haber sido Filipinas una colonia española, el título del filme responde al nombre de la sufridora protagonista. Lo cierto es que Lola significa abuela en tagalo, un idioma ‘austronesio’ mayoritariamente hablado en la zona de Manila, a pesar de que el país alberga más de 170 lenguas y dialectos (incluido el chabacano, una lengua criolla de procedencia española y que si se visiona el filme en versión original puede apreciarse en según qué expresiones, fonéticamente pronunciadas a similitud del castellano). Así pues ya tenemos delimitado el segmento generacional de dos de los personajes principales que aparecen en la función, por mucho que las generaciones jóvenes también tengan algo que aportar en este simposio fílmico dedicado a todas esas personas de la tercera edad que luchan por sobrevivir en un ambiente de decadencia moral y pobreza generalizada. 

Resulta complicado describir con adjetivos precisos lo que debería significar esta tragedia en fotogramas para nuestras inquietudes cinéfilas. De entrada es una buena oportunidad para inmiscuirse dentro de la vasta e invisible cinematografía filipina de una vez por todas, pero también es la mejor manera para que nos interesemos por un emergente país asiático, tristemente olvidado cuando se tiende a elogiar esas filmografías periféricas que se pasean por los distintos festivales especializados a lo largo del año. Lola es incisiva en su recurrente obsesión testimonial; está elegantemente filmada a pesar de soportar en muchas secuencias esa cámara en mano ligeramente mareante (que nos acerca a la realidad de las calles filipinas como si nos estuviésemos paseando en ellas); y por sorprendente que parezca, emana la sensación de espontaneidad gracias a sus actrices, que con majestuosas interpretaciones remarcan ese dramatismo que promueve la trama. Y es que en realidad, el secreto del éxito crítico de Lola es la mera inscripción en el género del docudrama a partir de la historia de dos abuelitas que deben entenderse para evitar que el nieto de una de ellas sea condenado a prisión por haber asesinado al nieto de la otra. El sacrificio económico de una de ellas para poder pagar un funeral digno, contrastará con la lucha moral que afronta la otra sola para intentar aceptar el crimen que ha cometido su nieto. 

Un filme radical y dramático, como muchas propuestas de este brillante cineasta pinoy obsesionado con los temas que recrea en sus filmes, y que en esta ocasión se acerca al demográfico de la tercera edad desde las miserias que esconden los callejones de Manila. Una capital filipina que como decimos no esconde su putrefacción, pero que aguarda momentos de extraña belleza hipnótica: la triste secuencia en la que se traslada el féretro en una pequeña balsa por las callejuelas convertidas en canales por las intensas lluvias torrenciales es una muestra de ello. Mendoza sabe cómo persuadirnos con su cámara, acercándose al cinema verité con ficciones tan bien orquestadas como ésta, tal vez su mejor propuesta de su dilatada trayectoria (muy superior si cabe a su polémica Kinatay).

Lola debería encandilar a los que ansían encontrar alguna cinematografía virgen con las que dejarse instruir. A los demás, sería un error perdérsela, ya que el coraje que emana de las dos protagonistas debería contagiárseles como sensibilización hacia una república presidencialista, que no estriba en oportunismos electoralistas, y que se atreve a dejar en la estacada a dos “lolas” a las que (e igual que a muchas mujeres mayores filipinas) se les priva de sus años de jubilación. Al menos se hará un poco de justicia si a través de este excelente largometraje se dan a conocer estas miserables situaciones que afronta la sociedad filipina con resignación. Un filme necesario pues, desde un punto de vista humanista, y que debería servir para seguir luchando para que esos derechos fundamentales no se los lleve el viento.        

Lo Mejor: Todo. Perfecta de principio a fin: bien narrada, bien compuesta, milimétricamente equilibrada y documentalmente fascinante.
Lo Peor: Que no le dieran el León de Oro en Venecia, aunque por suerte se llevó tres premios en nuestro Festival de Las Palmas (mejor actriz ex aequo, mejor fotografía y mejor director).

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Eduard Terrades Vicens

martes, 4 de enero de 2011

Asian Tour 2011 (Primera Parte)

De nuestro colaborador: Eduard Terrades Vicens

Pese a la crisis mundial que irremediablemente ha afectado a la distribución cinematográfica a nivel general, podemos afirmar que el 2010 se ha cerrado con un balance positivo para el cine asiático. Sobretodo ha supuesto un retorno a las cinematografías que históricamente han tenido una mayor influencia en el continente asiático. Entre ellas unas de nuestras predilectas: Hong Kong, que ha sabido imprimir su sello en seis o siete producciones que aúnan la creatividad con la comercialidad (Bodyguards and Assassins, 14 Blades o Fire of Conscience sin ir más lejos). Pero también Japón recupera su estatus de filmografía histórica, demostrando que no sólo se alimenta de manga-eiga. Así pues, una producción de calidad suprema como Confessions de Tetsuya Nakajima reivindica los dramas criminales nipones a la vieja usanza, amoldando su narrativa a los nuevos tiempos que corren. Y a pesar de que ha sido poco valorada por la crítica más ortodoxa, corrobora el buen hacer de su director. India también sigue en buena forma, pese a que la ignorancia generalizada que gira entorno a ella (en parte a consecuencia de la poca permeabilidad de la misma en los circuitos comerciales, en parte por la poca aceptación de la misma más allá de su séquito de entusiastas), la convierten en una cinematografía con una poderosa inclusión comercial en su propio territorio y una invisibilidad preocupante en el resto del mundo. Periféricamente, Tailandia ha aportado la mejor película del año con la incomprendida Uncle Boonme Recuerda sus Vidas Pasadas del ya consagrado Apichatpong Weerasethakul.

Sólo nos preocupa que la buena cosecha que ha recolectado Corea del Sur en el 2010, con filmes tan decisivos para el cine de género a nivel mundial (posicionándose I Saw the Devil encima del pedestal), quede en pura anécdota a consecuencia de la tormenta política que avecina una resolución prebélica que irremediablemente se cebará en la producción nacional. Una pena que la filmografía coreana abra el 2011 con ciertas incertidumbres, y más cuando filmes tan impactantes emocionalmente como Poesía han demostrado la afabilidad de un pueblo que no merece ser castigado por culpa de cuatro analfabetos que sólo saben disparar misiles en aguas internacionales. Esperemos que esta situación no desencadene una disminución efectiva del número de estrenos patrios propiciada por la reducción de las subvenciones estatales o por el cierre obligado de algunas productoras ante una crisis económica acentuada por la inestabilidad política. Tal vez el clima de tensión se rebaje en las próximas semanas, pero nosotros, desde el otro lado del charco, lo mejor que podemos hacer es seguir nutriéndonos de la sensibilidad artística que expresa su cine. Puede que sea la mejor manera de defender la pacificación de ambas Coreas, ya que ningún dictador decadente preocupado únicamente por apostillarse en su sillón de oro ad infinitum, nos impedirá ver el cine nacional de sus enemigos del sur. Nuestra férrea voluntad es la de seguir aprendiendo de una cultura milenaria como la coreana, una de las más antiguas de la historia de la humanidad, a través de su cine. Y eso, ningún misil nos lo va a destruir.


Visibilidad asiática

Spain is different! Aquí todo sigue igual o… ¡peor! No hay manera de equipararse con nuestros vecinos galos en cuanto a lanzamientos de cine asiático. Ya no importa si llega en cines, mientras el formato doméstico aguante la ventisca huracanada nos conformamos con poder ver ciertas joyas del panorama asiático u oriental en la pequeña pantalla. Pero no tenemos que ser tan negativos ya que, a corto plazo, por fin podremos disfrutar de una esperada producción coreana que sobretodo deberían apoyar todos aquellos seguidores de Boong Joon-ho: finalmente Mother (2009) podrá ser apilada en nuestras colecciones de dvds por gentileza de Mediatres, siendo una oportunidad para redescubrir a un cineasta enmarcado dentro del cine de género más amplio (Memories of Murder, The Host…) y que ahora decide cambiar ligeramente de rumbo temático para demostrar que también puede rodar un drama criminal a través de una madre que clama a los cuatro vientos la inocencia de su hijo, inculpado ‘erróneamente’ en un asesinato que no ha cometido. Francamente, podría ser el impacto asiático del año en nuestras fronteras, ya que viene avalada por sus críticas positivas allí donde se ha estrenado y por varios premios a su espalda que ha ido recogiendo en distintos festivales internacionales (sin ir más lejos, los tres galardones que se llevó en los Asian Film Awards 2010 y el reconocimiento de la prestigiosa Asociación de Críticos de Washington como mejor película de habla no inglesa del año pasado).

Avancemos hacia China y sus producciones 100% Mainland: máxima expectación para Confucius (Mei Hu), la biografía en celuloide del gran pensador y filósofo oriental que ha influenciado a millones de personas en todo el mundo, y que fue protagonizada por un Chow Yun-Fat envejecido. El filme se estrenó en China a principios del año 2010 no exento de polémica, pues el gobierno la programó coincidiendo con el 60 aniversario de la fundación de la República Popular de China y compitiendo con los hippies azules ecologistas de James Cameron, que fue obligada a estrenarse en 2D para que el público se decantara por el biopic del respetable Confucio. Curiosamente, vendrá distribuida por el sello Flins & Pinículas, una distribuidora que hace poco presentó el blockbuster ruso El Almirante (Andrey Kravchuk, 2008), una ambiciosa producción sobre el conflicto bolchevique en la segunda década del siglo XX y que no podemos considerarla una producción asiática porque, entre otras consideraciones técnicas, esta contienda histórica afectó principalmente a la Rusia europea (y muy poco a la asiática). Aún con todo, merece ser visionada ni que sea para educarnos sobre algunas contiendas bélicas que determinaron la formación de la Unión Soviética en los años 20 y que, por cuestiones anacrónicas, no conocemos más allá de los libros de historia.

Otro filme anunciado por Golem es A Woman, a Gun and a Noodle Shop de Zhang Yimou. A estas alturas, este remake en clave feudal de Sangre Fácil (1984) de los hermanos Coen ya debería haber recibido todos los aplausos posibles de esas personas que admiran la ópera prima de los Coen y que hayan comprendido la sabia traslación del libreto original a tierras chinas, pues la ambición de Yimou lo ha llevado otra vez (como ya hiciera en Hero) a experimentar con la paleta de colores para proyectar una embriagadora propuesta visual. Yimou recrea la infidelidad deslocalizando la historia original en un puesto de fideos chinos del siglo XVII, lo que la convierte en un producto algo naif pero respetando el peculiar sentido del humor negro de los Coen. Una aventura ecléctica que sólo puede entenderse fruto de esa globalización bien defendida por un cineasta que en la última década nos ha sorprendido por su ingeniosa sofisticación referencial y su clara adhesión al cine comercial más refinado.

Otro largometraje que hace tiempo debería haber conquistado los corazones de los que aman Japón es Tokyo Sonata (2008), que en estos momentos sigue en stand-by hasta nuevo aviso, pero que algunos privilegiados ya pudieron degustar en la previa presentación del Off Cinemart, es decir, la previa al nuevo Festival de Cine de Autor de Barcelona, celebrado a mediados del pasado Diciembre en la ciudad Condal a modo de aperitivo. Kiyoshi Kurosawa ha retratado una familia japonesa aparentemente convencional, cuyos miembros esconden algunos secretos del día a día que ponen en tela de juicio la estructura nuclear de la misma. Los problemas de comunicación vuelven a ponerse de manifiesto en una nueva aproximación temática efectuada por el realizador de Kairo, una producción incisiva en ese desamparo emocional que sufren muchas personas y que es suplido por la red, con la diferencia que el receptor emocional son los espíritus que deambulan por Internet para carcomer la poca identidad de esas personas viciadas con las nuevas tecnológicas. En Tokyo Sonata los fantasmas son más reales, surgiendo del interior de cada miembro de esta familia desestructurada, que vive presa de sus miedos, su frustración y su falta de empatía con los demás integrantes.

Y a falta de Kinatay, una de las producciones más chocantes del año 2009, al menos Golem ha decidido apostar por una película de Brillante Mendoza: Lola, que a pesar de llegar con casi dos años de retraso, presumiblemente dispondrá de un estreno comercial en pantalla grande. El secreto del éxito crítico de Lola es la mera inscripción en el género del docudrama a partir de la historia de dos abuelitas que deben entenderse para evitar que el nieto de una de ellas sea condenado a prisión por haber asesinado al nieto de la otra. Un filme radical y dramático, como muchas propuestas de este brillante cineasta filipino obsesivo con los temas que recrea en sus filmes, y que en esta ocasión se acerca al demográfico de la tercera edad desde las miserias que esconden los callejones de Manila.

Por último, confiar en que la distribuidora Vértigo Films nos deleite pronto con el estreno de Norwegian Wood, la adaptación que realizó el vietnamita Tran Anh Hung (El Olor de la Papaya Verde) sobre la aclamada novela de Haruki Murakami, mucho más conocida en España por Tokyo Blues. Mientras esperamos, seguiremos fabulando sobre el sugestivo manuscrito de Murakami y nos conformaremos con proyectar nuestra propia película mental sobre ella.  

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lunes, 13 de diciembre de 2010

Hablamos con: Li Cunxin, verdadero protagonista de "El Último Bailarín de Mao"

‘Encontrar y perseguir tu pasión’. ‘Permanecer fiel a ti mismo’. ‘Mantener un estado mental positivo’. ‘La determinación, el trabajo duro, el coraje y la persistencia te ayudarán a conseguir tus metas’. ‘Convertir tus sueños en realidades’. ‘Adaptarse al cambio y potenciar habilidades’. Todas estas afirmaciones son las que Li Cunxin ha llevado y sigue llevando por medio mundo, dando conferencias en distintos foros. Universidades y empresas de todo el mundo (American Express, Toshiba, Fujitsu, IBM, Oracle, Shell…) contratan sus servicios de ‘speaker’ para que comparta la experiencia de su vida y a través de ella mejorar su vidas profesionales y personales. Una vida que este próximo viernes podremos ver en las pantallas de España con la película El Último Bailarín de Mao. De origen campesino y humilde, Li Cunxin, mantiene esa humildad de aquéllos que se han mantenido fieles a su corazón por muchos éxitos con los que la vida les haya bendecido. En el emblemático hotel modernista en pleno Paseo de Gracia barcelonés, el Hotel Casa Fuster, rodeados de cojines y sofás cálidos y confortables, tuvimos la oportunidad de charlar con el exbailarín, ahora empresario: una entrevista que supo a poco, porque cuando conoces a Li Cunxin, desearías poder compartir mucho más tiempo su manera de pensar y de ver la vida. Todos deberíamos aprender un poquito más de él y de su particular odisea.

CineAsia: ¿Por qué en un momento dado decidió escribir un libro sobre su vida?

Li Cunxin: Yo nunca quise escribir un libro. Cuando después de 20 años terminé con mi carrera de bailarín y cerré mi etapa de 16 años y medio de hacer tours bailando por América y Europa y también acabé mi trabajo de 3 años y medio como bailarín principal del Ballet de Australia, me retiré del mundo artístico. Entonces, un buen día fui a pasar un tiempo a un lugar de la costa cercano a Melbourne con algunos amigos y mi familia. Uno de los amigos que iban en mi grupo era de hecho escritor, era un autor, y después de oírme hablar me dijo: Li deberías escribir tu historia, porque tu vida puede dar ánimos a la gente, puede darle coraje y ayudarla’. Y realmente fue por esa razón: si mi historia podía inspirar a otras personas en el mundo, quizá sí que debería contarla.

CineAsia: ¿Imaginó usted en ese momento que su historia tendría tanto éxito, que su libro sería algo así como un ‘negocio’?

Li Cunxin: ¡No, qué va! En mi mente sólo pensé: si mi historia puede inspirar a cincuenta o a cien personas, si puede hacer que sus vidas mejoren, si puede hacer que trabajen duro en sus vidas, eso ya para mí sería un éxito. Pero nunca pensé que se convertiría en un best-seller nacional. Nunca podría habérmelo imaginado.

CineAsia: ¿Y que traspasaría las fronteras de Australia y se convertiría en un éxito en todo el mundo (el libro ha sido vendido en más de 20 países y traducido a otros tantos idiomas)?

Li Cunxin: No, nunca pensé que mi historia pudiera interesar y ser una inspiración para tanta gente. Realmente ahora me siento muy halagado, muy orgulloso por este hecho, sí.

CineAsia: ¿Cómo alguien como usted, formado en una disciplina artística como la danza, pasa a convertirse en un broker (corredor de bolsa), en un hombre de negocios, algo tan alejado aparentemente de las artes?

Li Cunxin: Para mí, en aquellos momentos fue más algo así como ‘lo que necesitaba hacer’ para seguir adelante. Tenía una familia en China que dependía de mí: mi padre, mi madre y mis 6 hermanos que tenían que seguir viviendo. Y además tenía que ayudar a mi propia familia y hacer que mis propios hijos tuvieran una buena educación. Realmente mi objetivo era ese. Quizá con la danza, o con las tareas de consejero en esta disciplina no fuera suficiente, así que me reté a mí mismo. Pensé: me voy a probar a mí mismo y ver cómo puedo superarme en mi vida. Ver si podía dar más de mí mismo y ser otra persona en el mundo de los negocios. Así que me reeduqué a mí mismo: hice cursos de finanzas y cuando los aprobé, me metí a sacarme la carrera durante 2 años y medio, para que cuando mi carrera de bailarín se hubiera terminado pudiera tener algunas ofertas de trabajo. Así fue, mera supervivencia.

CineAsia: ¿Cómo se inicia la idea de hacer una película sobre su libro? ¿Cómo fueron los primeros contactos con el director Bruce Beresford?

Li Cunxin: Fue cuando el libro se convirtió en un best-seller, pero, ¿sabes?, lo más extraño es que cuando yo deserté en América, Hollywood ya me ofreció la posibilidad de hacer una película, en los años 80. Me ofrecieron 3 guiones, pero yo no quise. Así que cuando el libro se convirtió en todo un éxito, de nuevo Hollywood y productores de Gran Bretaña y de Australia volvieron a proponerme realizar una película sobre mi historia. Pero yo no quería, yo pensaba que con un libro ya era suficiente y hacer una película me producía demasiado miedo. Porque, ya sabes, se han oído muchas historias horribles sobre la historia de alguien, que Hollywood hace su versión y resulta que son totalmente diferentes… Todo eso me ponía muy nervioso. Entonces, un día recibí una llamada de teléfono del guionista de la película Shine, Jan Sardi. Él estaba absolutamente fascinado con mi historia y por los aspectos más sensibles de ella. Así que tuvimos un encuentro, me presentó a los productores de Shine, y cuando supe que Bruce Beresford estaba interesado en dirigir la película, entonces es cuando pensé: ‘guau, creo que esta vez va a ser que sí, esta es la oportunidad de que se haga una película con una historia real, con la historia real de mi vida’. Así que simplemente dije: ‘sí’.

CineAsia: ¿Y está usted satisfecho con el resultado?

Li Cunxin: Sí, totalmente, creo que han hecho un hermoso film… y además es real.

CineAsia: ¿Trabajó en la producción de la película (supervisó el guión) o sólo asesoró en la elección del bailarín protagonista, Chi Cao?

Li Cunxin: Trabajé en la supervisión del guión durante unos 12 meses, trabajé junto con Jan todo un año en su escritura. También estuve involucrado en hacer los contactos necesarios con la compañía del Ballet de Australia. Presenté a Bruce Beresford a la compañía porque él quería que los que hicieran las escenas de danza fueran realmente bailarines, no quería que actores hicieran de bailarines, eso sería contraproducente. Él quería que los bailarines fueran reales y en eso le ayudé, pues hice que tanto Bruce Beresford como los productores pudieran ver a muchos bailarines para que escogieran. Además de ayudarles con Chi Cao, también lo hice en la elección del Li “mediano”, el Li adolescente, Chengwu Guo, que fue encantador. Así que yo era como un consejero especial de la película: los coreógrafos me llamaban todo el tiempo, la gente de vestuario también me preguntaban sobre la ropa que vestíamos… Así que me involucré muchísimo.

CineAsia: ¿Y ha supervisado también las escenas de danza, de ballet?

Li Cunxin: No exactamente, porque ellos ya tenían a sus propios coreógrafos, pero cuando ellos necesitaban mi ayuda o mi opinión en algo, yo estaba allí y colaborábamos.

CineAsia: ¿Y le ha gustado el resultado final de esas escenas?

Li Cunxin: Sí, creo que los dos (Graeme Murphy y Janet Veron) tienen mucho talento.

CineAsia: Quiero preguntarle por el último plano de la película: usted y su mujer y la bandera comunista en 2º plano… (no desvelo más para no estropear el momento). Me ha hecho pensar: a pesar de todo, quizá, sin esa China comunista de Mao usted no habría llegado a ser nunca lo que es ahora. ¿Me he explicado bien?

Li Cunxin: Sí, sí, te entiendo perfectamente. Creo que es increíble, realmente increíble, tienes toda la razón. Sin la China comunista probablemente yo nunca habría querido ser un bailarín brillante. Ellos me dieron un entrenamiento absolutamente increíble, les tengo que estar agradecidos por el adiestramiento en la danza. Me enseñaron una cosa tremendamente valiosa: la disciplina, que creo que es una de las cosas más importantes en esta vida para conseguir el éxito. Así que creo que sí, que en mi corazón siento que, aunque la China comunista hizo cosas muy malas (hizo que mucha gente acabara en la miseria, que mucha gente muriera, etc.), creo que en mi faceta de artista salí beneficiado por los entrenamientos que me hicieron hacer.

CineAsia: No he tenido todavía la oportunidad de leer el libro y me gustaría saber, ¿qué licencias se ha tomado el film con respecto al libro?

Li Cunxin: Claro, el libro abarca más de 20 años de mi vida, es muy largo, y la película no llega a las dos horas de metraje con lo que el cine tiene que comprimir mucho. Por ejemplo, yo viajé a América dos veces: la primera vez estuve seis semanas y la segunda vez mucho más; la película sólo muestra una única vez. En el libro se pueden leer más cosas sobre las veces que hablé con mis hermanos o vi a mis padres y lo que significaban para mí, y no así en la película. Pero a la vez hay otros momentos que sí están en la película y que son tremendamente dramáticos y, sin embargo, si lees el libro, tendrías que usar tu imaginación para recrearlos.

CineAsia: Pero por ejemplo, ¿es verdad que volvió a ver a sus padres de la manera que cuenta la película (el momento más emotivo de todo el film, de ahí que no os cuente nada)?

Li Cunxin: Sí, es totalmente cierto, fue así como los volví a ver. Por eso te digo que el film es real al 95%. Es increíble, pero verdad. Y por eso es por lo que me siento tan feliz por que se haya hecho esta película, porque normalmente eso es muy difícil de conseguir. Por ejemplo, el momento en que yo decido desertar, en el Consulado de China en Houston, es totalmente cierto. Incluso si me pongo a pensar, lo que me ocurrió de verdad es incluso más escalofriante de como lo cuenta la película.

CineAsia: He estado viendo su página web (www.licunxin.com) y las palabras ‘determinación’, ‘pasión’, ‘coraje’… están por todas partes, pero, ¿también algo de suerte, no? ¿Qué hubiera sido de usted si la maestra de la escuela de su pueblo no lo apunta con el dedo para que la delegación de Mao le diera una oportunidad?

Li Cunxin: Sí, seguramente nunca me hubiera convertido en un bailarín de éxito. Correcto. Estoy de acuerdo contigo. De hecho tuve no un poco, si no mucha suerte. Suerte de que aquella maestra me señalara con el dedo; suerte de haber tenido en Beijing el maravilloso profesor que tuve, el cual fue mi inspiración; suerte de que me viera y de conocer a Ben Stevenson (director del Houston Ballet); suerte al conocer al increíble abogado (se refiere a Charles Foster, interpretado en la película por Kyle MacLachlan); y suerte por poder conocer al matrimonio Bush, sobre todo a George Bush padre, que en aquel momento daba su apoyo al Ballet de Houston y me vio bailar y de ahí que decidiera ayudarme. De hecho fue por ellos que mis padres pudieron venir a los EEUU: tanto George como Barbara Bush hablaron y presionaron a la Embajada China de Washington para que permitieran a mis padres viajar, obtener el permiso para salir de China para que pudieran verme bailar. Así que creo que sí, algo de suerte, pero también mucha determinación, mucha pasión y mucho trabajo duro.

CineAsia: A usted le tocó vivir una etapa muy dura, la China comunista de Mao… Dígame, ahora, con la distancia, ¿cómo ve a la China de ahora?

Li Cunxin: Yo creo que la China de ahora es una China completamente distinta de la que yo viví en aquella época. Es una China mejor. La gente vive con mayor libertad que antes, que seguro que no es la suficiente, todavía no es la suficiente. La etapa que me tocó vivir, sobre todo a mis padres, fue una época muy difícil, mucha gente moría, vivíamos bajo un sufrimiento terrible… Pero a la vez, a la gente de mi generación, esta época también nos hizo que sintiéramos un aprecio mucho mayor por la vida. Por ejemplo yo, con todo el éxito que he conseguido, todavía no doy en mi vida nada por hecho: realmente aprecio y atesoro cada cosa que tengo en mi vida, simplemente por el hecho de respirar para vivir siento que tengo mucha suerte.

CineAsia: Creo Sr. Cunxin que no podríamos haber terminado la entrevista con una frase final mejor, así que no le preguntaremos nada más. Gracias por el placer de conocerle.


Gloria Fernández y Enrique Garcelán


viernes, 10 de diciembre de 2010

Bailando con Mao: premiere "El Último Bailarín de Mao"

Por Gloria Fernández

¿Y qué hace CineAsia haciéndose eco de una película de Bruce Beresford? Muy fácil… Entrad en la siguiente web: www.licunxin.com. Si después de conocer al personaje en cuestión no os queda claro… insistiremos: por la historia (directamente entroncada con la China de Mao), por los actores (Chi Cao, Wang Shuang Bao, Joan Chen…) y porque aunque se la considere una película australiana, la china Geng Ling y su compañía China Film Assist ha sido la co-productora del film en su rodaje en China. ¿Necesitáis alguna razón más? Seguir leyendo…

Un libro, una vida

Basada en la verdadera historia de Li Cunxin, El Último Bailarín de Mao, que se estrena la semana que viene en los cines de toda España (17 de Diciembre más concretamente), es la adaptación a cine de la exitosa biografía escrita por el propio Cunxin. El libro, del mismo título que la cinta que nos ocupa, se publicó en el año 2003 en Australia donde cosechó el premio “Libro del Año” y se mantuvo entre los 10 más vendidos durante casi dos años. Publicado en más de veinte países, ahora, junto a la película, llega a España de la mano de la editorial Kailas (www.kailas.es). “Tras leer las primeras quince o veinte páginas, supe que había algo mágico en aquella historia, así que llamé a Jane Scott (productora de la película) y le dije: ‘Corre, ve a comprarte este libro’”. Así comenta el guionista Jan Sardi (Shine) cómo fue su primer contacto con la historia de Cunxin: una historia de dolor, separación, pérdida de valores y de identidad, trabajo, disciplina, superación y triunfo.

Bajo la experta batuta de Bruce Beresford (Paseando a Miss Daisy, Gracias y Favores, etc.), El Último Bailarín de Mao cuenta la historia de Li Cunxin, un niño de padres campesinos del pueblo de Qingdao, pobre y sin ninguna habilidad aparente que un buen día es separado de sus padres por una delegación de componentes de la Academia de Danza de Beijing capitaneada por la mujer de Mao, un grupo de ‘cazatalentos’ que busca en las zonas rurales posibles estandartes de la Revolución comunista. Bajo una estricta vigilancia y disciplina, Li, que cuenta con 11 años cuando ha de dejar a su familia, es adiestrado en la doctrina comunista y entrenado en la danza clásica. Un entrenamiento brutal (de 05.30h de la mañana a las 21.00h de la noche) que le dará la oportunidad de viajar a EEUU… y conocer un nuevo mundo. A partir de aquí Li, entenderá ‘la verdad’ del comunismo de Mao, además de encontrar su verdadera vocación, la danza. Con amigos, su amor de juventud y su espíritu de superación, Li deberá enfrentarse a las decisiones más difíciles de su vida…

Para Bruce Beresford, el guión que le propuso Jan Sardi fue irresistible: “Podría describirse como otra historia más de superación, de las que abundan en la historia del cine. Pero el caso de Li Cunxin es más extremo, porque él provenía de un mundo de grandes privaciones en un país con un régimen totalitario, y esforzarse por salir de ese mundo y adquirir fama internacional como bailarín es tremendamente difícil, pero él lo consiguió contra todo pronóstico”.


Actores y danza

Uno de los grandes retos de llevar la historia de El Último Bailarín de Mao a la pantalla fue elegir al actor que interpretaría a Li Cunxin. “La primera vez que leí el guión pensé que no podría encontrar a nadie que pudiera hacer de Li (explica el director Bruce Beresford). Obviamente, teníamos que buscar a un bailarín de ballet de primera, o mejor dicho, un fuera de serie: tenía que ser joven y atractivo, y debía ser capaz de interpretar un papel muy complicado en dos idiomas, mandarín e inglés. Yo pensé: ‘¿Existirá alguien así?’. Entonces nos pusimos manos a la obra y encontramos a Chi Cao, del Birmingham Royal Ballet.”
Fue en esta parte donde el propio Li Cunxin en persona propuso a Chi Cao, primer bailarín de la compañía de danza del Birmingham Royal Ballet, además de supervisar junto a la Compañía Nacional de Ballet Australiana todas y cada una de las partes de las escenas y secuencias de danza que contiene la película. 

Curiosamente tuvimos la oportunidad de visionar la película previa al estreno con una crítica de danza de un diario catalán, la cual se mostró gratamente sorprendida de la gran cantidad de momentos en los que la danza está presente y absolutamente fascinada por la capacidad de movimientos y la interpretación de Chi Cao.

Con respecto a su participación en la película Chi Cao comenta lo siguiente: “Hay muchas semejanzas entre mi vida y la de Li, sobre todo en lo que respecta a nuestra carrera. Los dos nos formamos en la misma escuela, la Academia de Danza de Beijing, y yo tuve que dejar a mi familia a los 15 años para ir a Londres a incorporarme a la Royal Ballet School. Los dos nos trasladamos a Occidente muy jóvenes y sin conocer el idioma, y tuvimos que ir descubriendo poco a poco cómo funcionaban las cosas”.

Al final, se eligió a tres actores para hacer de Li: Chi Cao, que interpreta a Li de adulto, Chengwu Guo, que lo interpreta de adolescente, y Huang Wen Bin, que hace de Li niño.

Los actores que interpretan a los padres de Li Cunxin no podían ser mejor elegidos, Joan Chen (Twin Peaks, El Último Emperador, 24 City) como la madre sufridora y campesina, y el conocido y gran actor chino Wang Shuang Bao, que ha trabajado en películas como Balzac y la Joven Costurera China o Blind Shaft. La historia de Joan Chen también comparte ciertas similitudes con la de Li Cunxin, ya que ella abandonó China siendo adolescente para estudiar en Estados Unidos. Por aquel entonces, Joan ya era muy conocida en su país como estrella infantil. En palabras de Joan Chen, “Li y yo partimos hacia Estados Unidos en la misma época. Podía entender cómo se sentía, la emoción de encontrarse ante una gran oportunidad y al mismo tiempo el dolor de echar de menos tu hogar, al que quizá nunca regreses. Por eso me sentía muy, muy identificada con su historia.”

Otros de los papeles principales están interpretados por Kyle MacLachlan, famoso por sus trabajos en Terciopelo Azul o Twin Peaks y que interpreta al abogado defensor de la causa de Li Cunxin; o Bruce Greenwood, a quien hemos visto en Star Trek o Trece Días y que interpreta aquí al director del Ballet de Houston y descubridor del talento de Li.

Una historia a medida de Bruce Beresford

Bruce Beresford es uno de los directores de cine más célebres de Australia. En 1980 fue candidato a un Oscar por el guión de Consejo de Guerra, y en 1982 por la dirección de Gracias y Favores. Su película Paseando a Miss Daisy ganó cuatro premios Oscar, entre ellos a la mejor película, en 1989.

La historia de El Último Bailarín de Mao le va como anillo al dedo: Bruce Beresford es el perfecto realizador que puede llegar al gran público sin hacer una película puramente comercial al estilo mainstream hollywoodiense. Y eso se nota en la cinta, que podría haber hurgado mucho más en los aspectos lacrimógenos de la vida de Li Cunxin y que, sin embargo, en manos de Beresford se convierte en una exposición de hechos reales, a la vez que nos vamos sintiendo cada vez más cercanos al personaje protagonista del que se nos muestran diferentes facetas: un mero aspirante a la compañía de danza de Pekín, un becario en Houston, su descubrimiento de un nuevo mundo y del amor, y el bailarín de éxito que acaba siendo.

También en manos de otro director, la película se podría haber convertido en un panfleto político: la ‘libre’, capitalista y ‘maravillosa’ vida del mundo occidental contra la manipuladora, comunista y revolucionaria China de Mao. Beresford deja su visión de la clave política a un lado, no juzga (ya me entenderéis cuando veáis la imagen final del film, que podría darnos mucho que hablar) y lo deja en manos de nuestro protagonista: es decir, es el personaje de Li Cunxin quien nos cuenta lo que siente en cada momento de su paso por el descubrimiento de ese mundo occidental y de ‘saber la verdad’ sobre su país. El momento culminante es, por supuesto, cuando decide desertar y es literalmente ‘encarcelado’ en el Consulado chino de Houston. Momentos muy duros, “más duros fueron en la realidad” nos contará posteriormente Li Cunxin en la entrevista que le hicimos, momentos de los que Beresford no trata de sacar carnaza fresca, sino que mantiene bajo control.

Eso sí, algún momento “epatante” tenía que darnos el film… Lo hay, y con creces, el reencuentro de Li con sus padres, es simplemente…. Y ahí lo dejamos…

El Último Bailarín de Mao es, sin duda, la película de las Navidades, no es una obra maestra, pero sí una manera estupenda de cerrar un 2010 bastante movidito.

Para asistir al pre-estreno en Barcelona: Pre-estreno