martes, 12 de julio de 2011

Space Battlership Yamato: la espectacular space ópera nipona

Si la semana pasada le tocó el turno a Confessions, esta semana vamos a analizar la segunda película lanzada por Mediatres Estudio en formato doméstico, Space Battleship Yamato, una de las grandes sensaciones del Casa Asia Film Week.

Director: Takashi Yamazaki Intérpretes: Takuya Kimura, Meisa Kuroki,  Naoto Ogata, Tsutomu Yamazaki País: Japón / 2010 Género: Space Opera Duración: 140 minutos
Año 2199. La Tierra está al borde de la destrucción. El fin del mundo parece inminente como consecuencia del ataque extraterrestre perpetrado por los Gamilas, unos avanzados seres cristalinos que irradian radioactividad en la superficie de nuestro planeta para terminar con la vida humana y así poder establecerse como nueva raza dominante. Después de muchos enfrentamientos, la esperanza proviene de Iskandar, un planeta alejado del sistema solar en el que unos alienígenas reportan una posible solución para eliminar la radioactividad. La última esperanza: Yamato, un crucero espacial japonés cuyo nombre hace honor al navío más grande de la Armada Imperial Japonesa y que en la Segunda Guerra Mundial defendió al pueblo nipón, que pondrá rumbo al enigmático planeta, no sin pasar por todo un calvario interplanetario en el que se verá forzado a proseguir su lucha contra sus batalladores enemigos. 

Ûchu Senkan Yamato fue una de las series japonesas que tuvo el privilegio de inaugurar el subgénero de la ciencia ficción galáctica conocido como space opera, un término que en el caso de Leiji Matsumoto (co-creador de la serie original) está plenamente integrado en su refinado gusto musical por la ópera clásica (sobretodo por la obra de Wagner, tal y como demostró al concebir su posterior obra de culto Capitan Harlock). Pero volvamos a la serie original, pues esta obsesión por los buques espaciales, tomando prestado los modelos verídicos de la flota japonesa cuando aún disponía de un sólido ejército, se tradujo en esta apasionante historia marcial entre un reducto de héroes que arriesgan sus vidas para intentar proteger la vida de nuestro planeta de la amenaza de una desconocida raza alienígena. Unos alienígenas que no responden a los estereotipos de los clásicos aliens vistos en la ciencia ficción norteamericana, lo que supuso una revolución en el campo de la sci-fi con respecto al diseño conceptual de los  invasores. Toda una proeza que queda constatada en esta versión fílmica que supera con creces al manga original. Pero ojo, pues el concepto del serial fue creado en 1974 por Yoshinobu Nishizaki junto con Matsumoto, y fue lanzado al mismo tiempo tanto en anime como en manga (publicado por Akita Shoten y luego recopilado en 3 volúmenes).

Podemos hablar pues de un manga-eiga atípico, pues si de las páginas de Matsumoto (con su ausencia de tramas, su sentido de la verticalidad en las batallas y una clara vocación por imprimir una fuerte personalidad a sus personajes) se desprendía una cierta sensación de estatismo permanente, donde las batallas prácticamente quedaban relegadas a segundo plano, en el filme que ha rodado Takashi Yamazaki se opta por modernizar el producto original, rellenando su abultado metraje con espectaculares enfrentamientos complementados por una brillante puesta en escena y delimitando muy bien la personalidad de los clásicos personajes (Susumu Kodai, Yuki Mori, el alcohólico doctor Sado reconvertido en una atractiva fémina, etc.), sin profundizar demasiado en sus traumáticos pasados, con tal de mantener el excelente sentido del ritmo que fluye hasta el final. En este aspecto, Yamazaki ha hecho un esfuerzo de planificación secuencial envidiable, y sabe perfectamente qué esperaban los productores: un largometraje ocioso, que respetase la esencia de Yamato, pero que se impusiera a esos cánones clásicos de la ciencia ficción japonesa espacial que desde finales de los 70 han permanecido prácticamente inalterables (y me viene a la mente una serie de títulos que podrían emparentarse, como la ascética Odin o Legend of the Heroes of the Galaxy del estudio Madhouse).

Si hay algún elemento más a destacar que ayude a definir la grandeza de este blockbuster es su banda sonora, que de forma orquestal da un impulso definitivo al tempo que imprime Yamazaki, lo que hace que pase por nuestras retinas de forma tan veloz como esa aceleración espacio-temporal “warp” que permite a la nave desplazarse de forma inminente por los confines del espacio.

Contando las producciones animadas que se han realizado a lo largo de la historia de esta mini-saga espacial (destaco Final Yamato de 1983, con una duración épica de 163 minutos), Space Battleship Yamato es la octava película, sirviendo de coda, pues a esta serie de culto que ha sido interpretada por muchos aficionados como una lucha personal del hombre para defender sus libertades individuales (en sí toda la obra de Matsumoto va enfocada hacia esa línea) y una advertencia con respecto a los males que inflingimos a nuestro planeta. Ahora podemos disfrutarla con total libertad a través de una cuidada edición (gentileza de Mediatres, que nos ofrece un master perfecto en audio e imagen), que servirá para revivir la proeza de unos voluntariosos japoneses que pretenden sacrificarse para salvar el bien más preciado que tenemos: la Tierra. ¡Larga vida a Yamato!  

Lo mejor: El ritmo trepidante, su banda sonora (gentileza de Naoki Sato) y los CGI.
Lo peor: La previsible resolución de la opereta galáctica se precipita en el clímax final, sin dejar margen a una explicación posterior de cómo finalmente se consigue repoblar la flora del planeta Tierra.  

Por nuestro colaborador Eduard Terrades Vicens

Entrevista a la directora de cine hongkonesa Ann Hui

En su primera edición el Casa Asia Film Week rindió homenaje a una de las directoras asiáticas más reputadas, perteneciente a la Nueva Ola de Cine de Hong Kong. Nos referimos a la directora china Ann Hui. Ann Hui, nacida en el norte de China y de madre japonesa, es una de las realizadoras más representativas del cine de Hong Kong. Pertenece a la Nueva Ola (que eclosiona a finales de los años setenta), ingeniosamente definida por el cineasta Allen Fong como una “generación que tuvo suerte”: nacida tras la guerra, en un periodo de auge cultural y económico, alimentados de cine (la única diversión de la época), y los primeros en estudiar cine en el extranjero y en aprovecharse del desarrollo de la televisión.

Tuvimos la oportunidad de conversar con ella tras la rueda de prensa que ofreció en Casa Asia. Os dejamos con sus respuestas.

CineAsia: Cuando se plantea hacer una película, ¿el objetivo máximo que tiene es crear un espacio de libertad, que el público se identifique y algo pueda cambiar a mejor?

Ann Hui: No tengo una intención vocacional con mis películas; sin embargo a mí sí que otros films que considero muy importantes me han hecho cambiar mi visión respecto a la vida. Lo único que intento es explicar con sinceridad un hecho cotidiano. No es lo que yo espero que pase con mis películas aunque sería estupendo que sucediera.

CineAsia: Entonces, una película como All About Love ¿no está concebida para que el público reflexione acerca de temas como la bisexualidad o la homosexualidad?

Ann Hui: En este caso particular sí que existe un poco de intención, porque siempre hay una barrera con el tema de la homosexualidad, aunque yo quería dar una visión más intelectual del asunto, algo más contundente.

CineAsia: En Hong Kong, ¿qué tipo de público suele acudir a ver las películas de Ann Hui?

Ann Hui: Es curioso, porque cuando voy por la calle encuentro muchísima gente que me dice “soy fan tuyo”, pero luego esto no se refleja en la taquilla.

CineAsia: ¿Puede ser porque la gente de clases sociales más bajas no tiene tanto poder adquisitivo para poder ir al cine y los dramas sociales que representa reflejan precisamente a este tipo de personas?

Ann Hui: Ahora resulta más difícil valorar el tipo de público que ve mis películas porque antes se tenía que ir al cine y en cambio ahora gracias al dvd y a las descargas que se realizan mucha gente lo ve en su casa.

CineAsia: ¿De todas las películas que ha rodado, cuál ha sido la que más dificultades le ha creado a nivel general?

Ann Hui: En 1986 rodé una película de kung-fu  llamada The Romance of Book and Sword que supuso un trabajo muy duro de documentación, sobre todo lo relativo a la dinastía Quing. Además tuve muchos problemas con la financiación porque debido a los fastuosos vestuarios de época me pasé del presupuesto.

CineAsia: ¿Por qué muchos directores chinos coetáneos a usted no han tenido la oportunidad de realizar películas en Hong Kong?

Ann Hui: Es muy difícil rodar en Hong Kong porque no hay presupuestos, y si se realiza una inversión es muy difícil llegar a recuperarla. Si las películas no se proyectan después en China es como un proyecto a fondo perdido.

CineAsia: A la hora de escoger los títulos de sus películas, ¿éstos ya se eligen a priori desde el guión o bien se le ocurren a posteriori durante los rodajes?

Ann Hui: Normalmente, en primer lugar tengo la idea y después surge el título, excepto cuando realizo adaptaciones de novelas.

Cineasia: ¿A qué directores chinos o taiwaneses actuales no debemos perderles la pista?

Ann Hui: A parte de los grandes nombres que ya son conocidos, hay varios directores jóvenes como por ejemplo Cheng Yu-Chieh, un director de tan sólo treinta años que escribe sus propios guiones y realiza un tipo de cine muy maduro para lo joven que es. Su película más destacada es Yang Yang. En cuanto a las directoras, me gusta mucho el cine de Barbara Wong, con películas como Perfect Wedding o Break Up Club.

CineAsia: ¿Cuándo comenzó Ann Hui a interesarse por el mundo del cine?

Ann Hui: Mis primeras memorias son las de ir con mi tía cuando tenía cinco años a ver Rebeca de Alfred Hitchcock, sobretodo recuerdo al ama de llaves. Más tarde en mis años de  universidad fue cuando cobré conciencia de que quería hacer cine, por lo que decidí apuntarme a la Escuela de Cine en Londres.

CineAsia: Para alguien que no conozca su cine, ¿cómo describiría sus películas?

Ann Hui: Mi cine es un cine muy ecléctico. He trabajado en tantos campos que es muy difícil definirlo. Al principio de mi carrera siempre estaba sujeta a las dificultades de la financiación y ya con el tiempo comencé a hacer este tipo de cine donde se amalgaman varias tendencias, un cine que no es puro, no es de género, sino que está compuesto de diferentes elementos, aunque algunas de mis primeras películas sí que eran más homogéneas en ese sentido.

Por nuestro colaborador Francisco Nieto

lunes, 11 de julio de 2011

La frase de la semana: Festival Nits de cinema Oriental en Vic

El jueves de la semana pasada tuvo lugar la presentación en rueda de prensa del Festival Nits de Cinema Oriental de Vic.

Este año las Nits de Cinema Oriental celebran su octava edición del 14 al 23 de julio. El cine asiático, la gastronomía y la cultura llenarán los diferentes espacios de la ciudad en uno de los festivales de verano más consolidados de la Cataluña central.

El país inaugural es Tailandia, que inspira la imagen del certamen y que abrirá las proyecciones de las Nits con la superproducción Yamada (The Samurai of Ayothaya), una aventura épica con espectaculares escenas de artes marciales.

Como novedad la octava edición incorpora una sección competitiva formada por 11 títulos  que optarán a un premio de votación popular: el Gato volador.

Una de las frases que resumen mejor este certamen: "un festival pequeño que, tanto a nivel interior como exterior, está creciendo". Sin duda, una de las citas del verano para el amante del cine asiático.

Para más información: Nits de Cinema Oriental.

Be Sure to Share (Japón, 2009)

Título original: Chanto Tsutaeru
Año: 2009
Director: Sion Sono
País: Japón
Duración: 108 mins.
Reparto: Ryohei “Akira” Kurosawa,
Eiji Okuda, Toshiki Ayata,
Mitsuru Fukikoshi.

Un filme que termina mostrándonos cómo un personaje encuentra el caparazón de una cigarra que acaba de mudarse, sólo podría pertenecer a un cineasta con ansias naturalistas. Pero esta no creo que sea la afición favorita de Sion Sono, que con Be Sure to Share cambia radicalmente de registro temático, ofreciendo un prodigioso drama de costumbrismo urbano contemporáneo que, si no fuera por su montaje a tempo medio, por utilizar secuenciaciones de grúa y su clara perversión de las leyes de la estructura clásica narrativa, bien podría haber rodado Yazujirô Ozu, Mikio Naruse o Yôji Yamada (los tres cineastas japoneses que mejor dominan la narración academicista y que a lo largo de sus carreras mejor se han aproximado a los dramas personales de la gente común).

Sono nos presenta la historia de una familia muy querida en un pequeño distrito a las afueras de Toyohashi (ciudad del este de la prefectura de Aichi), y cuyo padre (Eiji Okuda) es muy popular entre los estudiantes de la zona al haber ejercido como profesor de educación física del instituto y entrenador del equipo regional de fútbol. Su hijo (Ryohei “Akira” Kurosawa) recuerda amargamente su adolescencia al lado de su progenitor, al tiempo que cuida de éste en un hospital provincial a consecuencia de un ictus que ha padecido como síntoma añadido a una larga enfermedad que está atravesando, prometiéndole que cuando salga del hospital lo llevará a pescar a un lago cercano. El problema se da cuando al hijo le diagnostican un cáncer más mortífero que el de su padre, escondiéndolo ante su familia y su prometida para que no se convierta en una carga añadida.      
   
Precisamente, el último filme de Yamada (Younger Brother) se acerca peligrosamente al doloroso retrato familiar que Sono ha reproducido en este largometraje, pero acercándose desde una visión muy clásica: la historia de Yamada sigue las correrías de un pobre diablo, considerado la oveja negra de la familia, que arruina la boda de su sobrina y que decide refugiarse en los callejones de Osaka, hasta que le diagnostican una dolencia irreversible que servirá para reconciliarse con su hermana mayor, su sobrina y el prometido de ésta última. Pero la manera en como Sono enfoca el drama personal de los personajes dista mucho del estilo clásico de Yamada (y por consiguiente, de todos los cineastas de la vieja escuela), ya que no se focaliza explícitamente en el dolor que experimentan físicamente los dos protagonistas, y sí insiste en el espíritu de autosuperación de ambos, a pesar de que saben perfectamente que lo tienen crudo para superar con éxito las enfermedades con las que les ha tocado convivir. También porque no se recrean en la tragedia que viven en su foro interno, dando un espíritu vitalista que se contagia a los demás personajes. Digamos que el interés de Sono no es tanto el de reflejar el dolor emocional, y sí mostrar cómo se puede convivir con una enfermedad degenerativa sin caer en un oscuro pozo sin fondo, huyendo del previsible victimismo que suele mostrarse en este tipo de producciones.

Hablaba del quebrantamiento de la estructura narrativa clásica, algo que se agradece teniendo en cuenta que todos los dramas fílmicos de estas características suelen contarse de forma gradual, exponiendo todas las calamidades en el nudo central de la historia. Sono prefiere empezar el filme por la mitad de la historia, y pese a que aún no sabemos exactamente el drama que se avecina, ya intuimos el peso de la calamidad que deberán arrastrar algunos personajes hasta el final del largometraje. Un final abierto, reflexivo teniendo en cuenta las conclusiones a las que llegan la pareja prometida en tanto que el futuro que les espera como matrimonio es incierto, pero que cumple magníficamente con los objetivos premeditados del director: mostrar cómo ante las adversidades uno no debe dejarse caer. Por lo tanto, el pesimismo y la obsesión enfermiza por mostrar la carga más amarga de una tragedia que se intuía en los otros filmes de Sono, queda diluido en un mensaje positivista que sorprende por la sobriedad que transmite al espectador. 

Be Sure to Share no es un filme de lágrima fácil, pero eso no quita que algunas secuencias sean difíciles de digerir emocionalmente. En parte, la responsabilidad para que el drama no se extienda más de lo deseado recae en la capacidad de los actores para contenerse en sus actuaciones. Algo que entronca con el control exhaustivo que parece ejercer el cineasta sobre ellos. Y es que ya se sabe que el realizador actúa como un marionetista ante su audiencia, a la que manipula hasta las últimas consecuencias para transmitir sus obsesivos postulados nihilistas. Y a pesar de que esta película fuesen unas vacaciones para él, su estilo es incuestionable y apreciable de principio a fin. Una oportunidad accesible para ver en qué mundos se mueve Sono, pero desde una óptica costumbrista, vitalista y sin gore.

Lo mejor: El trabajo de interpretación de todos los actores.
Lo peor: No esperen nada parecido a Cold Fish, Suicide Club o Strange Circus.

Eduard Terrades Vicens

¿Quieres un dvd de Confessions?

Mediatres Estudio acaba de lanzar esta semana dos de los títulos más potentes de la cinematografía japonesa. Dos títulos que tan bien recuerdan los espectadores que asistieron al pasado Casa Asia Film Week, ya que ambas: la sesión de Confessions, y la siguiente de Space Battleship Yamato, acabaron con un éxito de público.
Nos acercamos hoy al primero de estos lanzamientos, el de Confessions, por partida doble: en primer lugar, con la crítica de la película realizada por nuestra colaboradora y amiga Beatríz Martínez, y en segundo lugar convocando un nuevo concurso para que puedas conseguir uno de los dvds de la cinta de Tetsuya Nakashima. No quiero haceros esperar más.
Para festejarlo por todo lo grande, tenemos cinco copias de la película. Una de las cuales puede ser para ti. ¿Qué tienes que hacer? Simplemente déjanos tu opinión sobre la película (via blog -respondiendo en esta misma entrada-, via facebook-CineAsia-, o vía mail) Mucha suerte...

Crítica de la película Confessions

 

viernes, 8 de julio de 2011

Confessions: crimen y castigo en las aulas.

Mediatres Estudio acaba de lanzar esta semana dos de los títulos más potentes de la cinematografía japonesa. Dos títulos que tan bien recuerdan los espectadores que asistieron al pasado Casa Asia Film Week, ya que ambas: la sesión de Confessions, y la siguiente de Space Battleship Yamato, acabaron con un éxito de público.
Nos acercamos hoy al primero de estos lanzamientos, el de Confessions, por partida doble: en primer lugar, con la crítica de la película realizada por nuestra colaboradora y amiga Beatríz Martínez, y en segundo lugar convocando un nuevo concurso para que puedas conseguir uno de los dvds de la cinta de Tetsuya Nakashima. No quiero haceros esperar más.

Confessions. Director: Tetsuya Nakashima Año: 2010 País: Japón Con: Takako Matsu, Yoshino Kimura, Masaki Okada, Ai Hashimoto. Género: Thriller/Drama

A pesar de ser todavía un director prácticamente desconocido en nuestro país, Tetsuya Nakashima se ha convertido en uno de los autores más interesantes del panorama cinematográfico japonés. Su capacidad de inventiva estalló en títulos emblemáticos como Kamikaze Girls o Memories of Matsuko, en las que utilizaba el mestizaje genérico para imbuirse en la cultura pop de su país de origen y extraer de ella todo su revulsivo componente kistch. Sin embargo, en su último y aclamado trabajo, Confessions, abandona el pastiche y el colorido visual que se habían convertido en marcas de estilo para adentrarse en un relato de naturaleza mucho más sombría en el que predomina la sobriedad y la estilización en la puesta en escena al tiempo que sus imágenes discurren al ritmo melancólico e insistente de un tema de Radiohead.
El director se adentra en la trastienda del horror cotidiano, en la génesis de monstruos infantiles capaces de cometer las mayores atrocidades, configurando una sociedad que ha ido perdiendo los cimientos de la moral para convertirse en una degeneración patológica de sí misma. La tortura emocional y la crisis existencial se apoderan de los personajes de la película. Por una parte, una profesora que ha perdido a su niña, asesinada; por otra, algunos de sus alumnos, involucrados en tan fatídico crimen. Nakashima concentra sus fuerzas en un arranque de una virulencia inesperada que determinará el juego de venganzas que se desarrollará a continuación: la maestra habla con detenimiento a una clase que no le presta ninguna atención hasta que, durante su monólogo, confiese un secreto que les atañe directamente, dando inicio a una serie de acciones que determinará una espiral de culpabilidades no asumidas y de traumas anclados en un pasado que siempre termina por volver. Un camino escabroso hacia las profundidades del alma más retorcida del ser humano en el que no hay lugar para la esperanza, porque todos los personajes, al fin y al cabo, están condenados de antemano. Así, sus confesiones no tendrán nunca un carácter catártico, sino únicamente punitivo, porque de lo único que se trata es de enseñar a través del dolor. Una mirada extremadamente amarga hacia una sociedad y hacia toda una generación que parece podrida de antemano, que no tiene alma y que ha perdido la capacidad de sentir.  
Tetsuya Nakashima dota de una fuerza poética desgarradora a las imágenes de la película, quizás abuse de los ralentíes y las imágenes evocadoras pero éstas terminan imprimiendo un tempo muy preciso y una sensorialidad que nos introduce directamente en la psique y en las motivaciones de cada uno de los personajes. La crueldad a veces puede ser también bella.
Lo mejor: El tratamiento visual con el que envuelve el director la cinta.
Lo peor: El exceso de ralentíes pueden resultar demasiado enfáticos.
Beatriz Martínez

Pluriempleo para el director de Sector 7

Con vistas al año que viene, se está gestando un proyecto sobre el incendio de un rascacielos en plena celebración de la Nochebuena navideña: Tower. Parece ser la segunda película de “cine de catástrofes” filmada en Corea tras la espectacular y taquillera Tidal Wave, y desde luego sobran (por obvias) las referencias a un clásico del género estadounidense del que, parece, esta cinta quiere ser heredera. No se va a escatimar en gastos, pues el rodaje se llevará a cabo en una instalación especialmente diseñada para producir espectaculares escenas con agua, algo solo al alcance de Hollywood hasta el momento.

Al frente de tamaña empresa estará Kim Ji-hoon, responsable de la políticamente delicada (aunque abiertamente popular) May 18, y un hombre muy ocupado últimamente, pues en paralelo prepara el film de terror Sector 7, sobre un monstruo marino. Este último, que se estrenará en Agosto, está protagonizado por Ha Ji-won, la actriz de tantos dramas y comedias románticas (como Sex Is Zero o BA:BO), pero también de cintas de acción como Duelist o Tidal Wave.

Jordi Codó