martes, 28 de junio de 2011

CineAsia: de vuelta al cole

Hola de nuevo, cineasiáticos.

Parece mentira, pero lo bueno se acaba pronto. La semana de vacaciones que nos tomamos tras la realización del CAFW ha llegado a su término... Por lo que este año se cierra pronto nuestro periplo vacacional (julio y agosto toca quedarse en la oficina para preparar la segunda parte del año que nos viene encima).

Algo más descansados después de nuestra experiencia en la primera edición del CAFW, y cuando más de uno empaca sus pertenencias para evadirse durante unas semanas de la visión de su jefe, en CineAsia volvemos al cole.

A lo largo de este mes de julio podremos disfrutar del Fimucite que alcanza este año su quinta edición. El Festival Internacional de Música de Cine de Tenerife regresa este año más asiático que nunca con la presencia del compositor japonés Shigeru Umebayashi (La Casa de las Dagas Voladoras, Deseando Amar). Vic es otro de los puntos neurálgicos del cine y de la cultura y gastronomía asiáticas durante el mes de julio. Esta edición, el Festival Nits de Cinema Oriental nos promete emociones fuertes como son la inaguración Yamada: The Samurai of Ayothaya o las cintas de Bollywood Enthiran o Dabbang.

Desde CineAsia os iremos informando puntualmente de cada una de las citas asiáticas que nos depara el verano... Y de todo lo que nos queda por delante: Festival de cine de Sitges, Semana de Corea en la UMA, Sección fantástica asiática en el FANCINE, actividades cinematográficas en el Salón del Manga de Barcelona... Y alguna que otra sorpresa más que siempre nos guardamos en la manga.

Enrique Garcelán

miércoles, 15 de junio de 2011

Diario de El séptimo samurai en el CAFW (5): Clausura del festival.

Es difícil hablar de final cuando algo acaba de nacer. Es el caso del CAFW, que acaba de cerrar sus puertas por lo que al 2011 se refiere, pero que nos deja con ese sabor dulzón de un evento que nos va acompñar, si Buda y el resto de dioses lo permiten, durante muchos años. Ahora toca felicitarse por los logros obtenidos y reflexionar sobre aciertos y desaciertos para preparar una segunda edición que colme las expectativas creadas por este estupendo debut. Ayer, mientras el público asistente a la gala de clausura dispensaba un largo y caluroso aplauso de agradecimiento a los organizadores por habernos traído a Barcelona buen cine oriental, les apremiaban a consolidar una propuesta tan atractiva como necesaria para una concurrencia ávida de buenas propuestas fílmicas. Es muy triste que el 95% (siendo generosos) de los films exhibidos durante los días del CAFW no vaya a conocer aventura comercial en las pantallas de nuestro país. Tan sólo dos o tres títulos se editarán en DVD gracias a la estupenda política de algunas arriesgadas distribuidoras mientras el resto se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia.

Pero en esta última entrega del diario de este agotado guerrero no queremos pecar de pesimistas sino todo lo contrario, así que anunciamos a bombo y platillo que la absoluta vencedora del CAFW 2011 y por lo tanto ganadora del Casa Asia Film Week ha sido la película de nacionalidad china Buddha Mountain, de Li Yu. El jurado argumentó su decisión por la capacidad de la directora de plasmar el sentir de la juventud china contemporánea; por haber conseguido una pieza de cine viva sin caer en excesos aleccionadores; y por retratar una serie de personajes de diferentes generaciones que buscan enraizarse en un país en constante transformación. Poco más se puede añadir a tan acertadas conclusiones. Buddha Mountain es cine con letras mayúsculas. Un choque de trenes entre tres jóvenes que buscan beberse la vida a tragos largos y alguien a quien la tragedia le ha quitado las ganas de vivir. De ese cruce de la alegría y la pena, de la tradición y la modernidad, de la vida y la muerte, nace uno de los films más bellos que he podido ver en los últimos años. Con un elenco actoral simplemente sublime, encabezado por la guapísima y además buena actriz Fan Bingbing (quien ya había trabajado a las órdenes de la directora en Lost in Beijing y que consiguió por su interpretación de Nan Feng el premio a mejor actriz en el Festival de cine de Tokyo) y la veterana Sylvia Chang, vista en films tan populares como Comer, beber, amar, de Ang Lee o El violín rojo, de François Girard, y que aquí nos ofrece un verdadero recital de emoción y contención, una actuación desgarradora que llega y de que manera al alma del espectador (como ocurre en la dolorosa escena en la que descubre que los chicos le han cogido el coche del garaje para darse un garbeo y su consiguiente regañina). Pero sería injusto dejar sin elogios a los dos actores principales masculinos de la función, Berlín Chen (Kung fu Dunk) y Wang Helong (en el que es su debut en pantalla), quienes al igual que sus partenaires femeninas bordan sus complicados roles.

A parte de esta recomendable joya el domingo también nos deparó dos buenas películas de género que vinieron a poner un magnífico colofón en un certámen donde en cuanto a nivel cualitativo de los films programados las luces ganaron por goleada a las sombras.

La primera de ellas, la coreana Moss, de Kang Woo-suk,  un muy entretenido ejercicio de suspense donde el entorno rural se muestra de todo menos apacible, muy en la línea de títulos como Perros de Paja o nuestra Furtivos (qué gran película y qué poco reconocida a la vez), obras que han alcanzado la categoría de clásicos y que mostraban una naturaleza inhóspita donde uno no se iría ni loco de vacaciones.   El director del film consigue introducirnos en la alambicada trama sin presentarnos un héroe con el que empatizar y mediante un prólogo donde se dejan entrever algunos aspectos de la trama a desarrollar. La pena es que quizás nos hagamos unas expectativas demasiado grandes que luego no se cumplen. La acción brilla por su ausencia y el misterio planteado nunca acaba de sorprendernos ni en su desarrollo ni por supuesto en su endeble resolución, donde quedan demasiados cabos sueltos. Algunas madejas secundarias tampoco se entraman con toda la coherencia que deberían, y además algunos elementos que podrían haber dado mucho más juego, como por ejemplo esos túneles subterráneos que van comunicando todos los sótanos de las casas del poblado, están completamente desaprovechados. De todas maneras, Moss se ve con agrado, y buena culpa de ello radica en unas conseguidas caracterizaciones por parte de unos personajes creíbles y contundentes.

Y para clausurar oficialmente el festival, se proyectó The Stool Pigeon, un adrenalítico thriller de acción hongkonés dirigido por el maestro Dante Lam. Un realizador que ha revitalizado, y de que manera, el género de acción en una cinematografía como la de la ex-colonia británica que comenzaba a perder esplendor. Títulos como The Beast Stalker, Fire of Conscience o esta The Stool Pigeon así lo constatan (y de camino viene su última producción, Viral Factor); atmósferas asfixiantes unidas a un buen talante narrativo en complejas tramas donde policias corruptos, malhechores bienintencionados y jefes de triadas más malos que la tiña tejen una tela de araña de la que el espectador no puede ni quiere escapar. The Stool Pigeon está protagonizada por Nicholas Tse (Shaolin, Dragon Tiger Gate) y Nick Cheung (Exiled, Breaking News), dos actores habituales en las películas de Lam. Aquí dan vida a un policía atormentado y a un recién reclutado informador que deben trabajar juntos para intentar atrapar a un capo mafioso que se didedica a efectuar grandes robos. Si bien las diversas tramas que jalonan el relato no tienen mucho de original,  aunque están majestuosamente intercaladas, donde sí radica su singularidad es en unas muy bien rodadas escenas de acción dotadas de un ritmo trepidante (sobretodo en las vertiginosas persecuciones de coches) y en un tercio final de metraje donde se produce un auténtico baño de sangre en un colegio abandonado. Un broche de oro ideal para un Festival exquisito donde han tenido cabida todo tipo de géneros y tendencias.

Realmente ha constituido un verdadero lujazo poder disfrutar de un Festival como el CAFW. Tan sólo me resta agradecer a Gloria y a Enrique la oportunidad de volver a colaborar con ellos en el blog de Cineasia, y sobretodo darles las gracias también por su esfuerzo y alma puestos al servicio de este, a aprtir de ahora, Festival referente para todos aquellos que amamos el cine asiático.  
  
¡Hata el próximo CAFW!

Francisco Nieto

domingo, 12 de junio de 2011

Diario de El séptimo samurai en el CAFW (4): Sin entradas


No puedo disimular mi contento a la hora de acometer estas líneas que intentan recapitular mediante  mínimas pinceladas lo acaecido en la penúltima jornada del Casa Asia Film Week. Y es que poder disfrutar del gentío que nos ha acompañado durante todo este sábado no tiene precio. Plateas llenas a rebosar, pases acompañados de multitud de aplausos, colas en las taquillas... Cuando se inicia la andadura de un nuevo festival siempre queda la duda de si su existencia será más bien efímera o arraigará por los siglos de los siglos. Pues bien, sin temor a equivocarme creo que este festival de cine oriental tiene visos de perpetuarse por lo menos durante algunas ediciones más. Barcelona es una ciudad que ama el cine asiático, y así lo corroboraron aquellos BAFF que colgaban el cartel de no hay entradas día tras día. El CAFW constituye un relevo tan necesario como eficaz. La producción cinematogràfica asiática se encuentra actualmente  en un estado de auge contínuo, y se hacía indispensable un marco donde el abanico de lenguajes fílmicos orientales  tuvieran su propio lugar de expresión. Este certámen que, por desgracia, mañana dejará caer su telón, desde su humildad de medios suplida con toda la ilusión del mundo está consiguiendo transmitir a su cada vez más numeroso público toda la energía y el empeño que en él han puesto sus hacedores. El nivel de las películas proyectadas está siendo muy alto, y la lucha por conseguir el Premio Casa Asia Film Week va a ser reñida hasta el último instante. Hay quinielas para todos los gustos; desde los que opinan que una película tan arriesgada en contenido y forma como la japonesa Confessions, de Tetsuya Nakashima (que ya causó una gratísima impresión en el pasado Festival de Sitges) debería llevarse el gato al agua hasta los que se inclinan por premiar a una cinta más académica pero no por ello menos sensacional como la china Buddha Mountain, de Yu Li. Tampoco hay que descartar que salte la sorpresa y que una tercera película consiga desbancar a las favoritas. Por ahora han gustado también mucho la chinas Aftershock, de Feng Xiaogang y la chino-hongkonesa Bruce Lee My Brother, de Manfred Wong y Wai Man Yip. Mañana saldremos de dudas, porque los miembros del Jurado aún tienen que escurrir el seso (que no el bulto) y tomar una decisión cuanto menos salomónica.

Tres son los films que este samurai en plena contienda ha tenido ocasión de disfrutar en este sábado al que por fin ha respetado la climatología: la jornada comenzó con la comedia pan-asiática Pinoy Sunday, una coproducción filipino-taiwanesa filmada por un director de Malasia, Wi Ding Ho, y fianciada por la NHK (Nippon Hoso Kiokai, Asociación de Radiodifusión de Japón), un ejemplo de globalización en su màxima expresión. Pinoy Sunday nos explica las andanzas de dos compadres filipinos que emigran a Taiwan como tantos compatriotas para poder ganarse la vida. Uno de ellos, Dato, ha dejado en su país mujer e hijo (aunque eso no le impide mantener una relación informal con una lugareña de Taipei), mientras que el otro, Manuel, intenta por todos los medios encontrar a su media naranja entre casi todo lo que lleve faldas o uniforme. Ámbos se ganan la vida trabajando en una fábrica, y matan las pocas horas libres que les quedan soñando un mundo mejor donde todos sus problemas cotidianos encuentren solución. El film en su conjunto adolece de entidad, quedando como mero ejemplo de bufonada local que algunos de los asistentes comparaban con las comedias de Ozores interpretadas por Fernando Esteso y Andrés Pajares (sin atisbo de destape alguno) o aquellas comedietas inocentes de Abbott y Costello o Dean Martin y Jerry Lewis. El director, en su debut en la gran pantalla, parece querer contentar a todos aquéllos que han puesto empeño y dinero para que esta producción salga adelante, y si bien se vislumbran superficialmente algunos temas espinosos que podrían haberse tratado de una manera menos superficial (precariedad laboral, racismo...) se opta por dar una visión amble de todo y buscar la sonrisa del espectador local, con un humor quizás un poco difícil de descifrar para el espectador occidental. Con pequeños toques de realismo mágico y algunos gags resultones (sobretodo los que se producen a partir de que empiezan a transportar un sofá por toda la ciudad) se resuelve esta pequeña película que tan sólo se mara el objetivo de divertir sin más al respetable, cosa que consigue a medias. De todas maneras, sería injusto no resaltar la buena labor de sus dos protagonistas, que destilan una química incuestionable durante todo el metraje. Uno de ellos, Epy Quizón, es el hijo de Dolphy, el considerado Rey de la comedia filipina, cuya carrera cinematogràfica se extiende desde la década de los 40.

Tras este exiguo entremés de menos de hora y media de duración, nos preparamos para el primer plato fuerte de la jornada, el nuevo biopic sobre la figura del legendario luchador Bruce Lee, Bruce Lee, my brother, que en esta ocasión, y como novedad, ha contado con el beneplácito de su propia familia, con el objetivo de retratar lo más fielmente posible la vida y milagros de esta leyenda asiàtica (para ello, nada más comenzar el film, aparecen en pantalla dos de sus hermanos que certifican que esta va a ser la película, o mejor dicho, trilogía, sobre la figura de Bruce Lee). Vaya por delante que aquéllos que acudan a ver el film con la esperanza de ver en acción al protagonista dando patadas o repartiendo a diestro y siniestro con sus nunchakus saldrán sinceramente decepcionados. La primera hora y media de película transcurre como un meticuloso biopic donde priman las relaciones personales (Bruce y su familia; Bruce y sus amigos, donde llegó a ser líder de la banda de Los Tigres de Junction Street; Bruce y sus primeras novias…) y donde no se atisba lugar alguno para la acción. El último tercio del film, sin embargo, intenta contentar a todos aquellos que han aguantado estoicamente situaciones emocionales y compadreos varios y nos ofrece un par de escenas de brío (un doble combate contra un contrincante europeo) y persecución (la de unos mafiosos a los que Bruce y sus compañeros sustraerán una cantidad importante de droga). A destacar el parecido físico más que estimable que existe entre Aarif Lee (quien también emerge como una nueva figura en las artes marciales, aunque aún deberá demostrarlo) y Bruce Lee, sobretodo en estos primeros años de juventud.

Y para finalizar el trayecto sabatino, una de la mejores películas rodadas en Japón en 2010 (y que representó al país nipón en la pasada edición de los Óscars), Confessions, un original alarde visual del director de las nada despreciables Memories of Matsuko y Paco and the Magical Picture Book. La trama, de la que intentaremos desvelar lo mínimo, se da a conocer a través de las confesiones de varios de los personajes que aparecen en la película, a veces repitiendo el mismo evento desde diferentes perspectivas. Cada uno expresa sus propias esperanzas y tristezas, la desesperación y el odio. La atmósfera misteriosa y sombría que envuelve el relato y la impactante música (entre la que se encuentra la maravillosa canción de Radiohead “Last flowers to hospital”) que acompña cada depurada escena ligan a la perfección, desembocando en un clímax final de lo mejorcito que uno a podido ver en mucho tiempo.  Para todos aquellos que no tuvieron la oportunidad de verla en Sitges y tampoco han podido disfrutarla en el CAFW, que sepan que la distribuidora Media3 Estudio tiene previsto editarla en formato DVD a partir del 5 de julio. Absolutamente imprescindible.    

Para los más noctámbulos aún les quedaba por disfrutar de dos citas verdaderamente indispensables, el estreno de la japonesa Space Battleship Yamato, y la joya de la corona, la primera maratón de cine del CAFW, compuesta por los títulos I Saw the Devil, de Kim Jee-woon; The Reign of Assassins, de Su Chao-bin y A Better Tomorrow, de Song Hae-sung.

¡Hata mañana!

Francisco Nieto

sábado, 11 de junio de 2011

Diario de El séptimo samurai en el CAFW (3): Un viernes explosivo

El viernes recibió al CAFW con un chaparrón de los que hacen época, aunque los más aguerridos del lugar acudieron a su cita con la primera sesión capeando viento y marea. Yo, que no me cuento entre ellos (y es que la edad ya invita a no protagonizar secuencias de acción) comencé mi maratoniana jornada viendo el drama japonés de Haru´s Journey, film avalado por haber recibido recientemente (concretamente ayer) la Alhambra de Plata en el Festival Cines del Sur de Granada. Antes del inicio de la proyección, Mike Hostench, programador del CAFW, se dirigió a la media entrada asistente para leer una emotiva carta enviada por el director del film, Masahiro Kobayashi (Koroshy, Bashing) donde se hacía referencia al devastador terremoto sufrido en Japón en marzo de este mismo año, y que entre otros, había destruído completamente todos los edificios y demás lugares donde acontece la acción. Haru´s Journey nos remite a clásicos cmo Buenos días, de Yasujiro Ozu o al más reciente Still Walking, de Hirokazu Koreeda, aunque en el caso que nos ocupa se traten temas como la incomunicación familiar desde un prisma melodramático más agudizado (hay que ir al cine bien surtido de kleenex, porque a buen seguro los vais a necesitar).

La Haru a que hace referencia el título es una adolescente a punto de cumplir la veintena quien ha pasado gran parte de su vida cuidando de su abuelo Tadao Nakai (excepcional caracterización del veterano Tatsuya Nakadai), un verdadero cascarrabias con acusados problemas de movilidad. La acción comienza cuando el abuelo sale de su casa soliviantado porques u nieta se niega a seguir cuidando de él, aduciendo que tiene otros proyectos más interesantes en su vida. Ante la perspectiva de la soledad absoluta optarán por buscarle cobijo entre sus familiares más directos, pero ninguno de los tres hermanos del anciano está dispuesta a cargar con un viejo inservible que encima siempre tiene un humor de perros. Pero no sólo el abuelo vivirá una catarsis en el desesperado viaje que emprende junto a su nieta. Ésta, avivada por tanta visita familiar, decidirá presentarse en casa de su padre, al que no ve en años, para pedirle explicaciones de porqué fue abandonada. Todo este devenir de los personajes se nos presenta en pantalla de forma harto relajada y pausada, con ese ritmo tan propio del cine nipón que desespera a algnunos y maravilla a otros. Ver Haru´s Journey es como asistir a la ceremonia del té: simple en su continente, pero tremendamente compleja en su contenido. Y desde luego, esta recomendable infusión que nos sirve en bandeja de plata Kobayashi, hay que degustarla a pequeños sorbos. No me quiero extender más en alabar los méritos (que son muchos) de esta cinta. Para mayor información sobre el film, nuestra compañera Rocío Vázquez desde Granada y Enrique Galcerán, desde Barcelona, también han diseccionado un film que está llamdo a convertirse en un clásico instantáneo:

La sorpresa al salir de esta sesión fue ver que el ritmo de la cola de venta de entradas iba creciendo por momentos, y es que los platos fuertes del día aún estaban por llegar: para seguir hundiéndonos en la depresión más profunda que mejor veneno que asistir a la proyección del film más catastrófico rodado en China en muchos años: Aftershock. Muchos de los espectadores que acuden al CAFW son auténticos neófitos en cine oriental, y es frecuente escuchar preguntas a las taquilleras del tipo ¿y ésta de que va?, ¿The Journals of Musan es china, japonesa o coreana? O ¿cuál me recomiendas? Pues bien, el que se decida por entrar a ver Aftershock va a acudir a un auténtico recital de hecatombes y cataclismos que le dejará pasmado en el asiento. Aftershock, con un presupuesto de más de veinte millones de euros, bastante alto para lo que suelen ser los estándares chinos, pasa por ser también la primera película china que se proyecta en cines Imax, a parte de haber sido escogida por su país de producción como candidata a mejor película de habla no inglesa en la próxima edición de los Óscars. Aunque pueda parecer extraño, este recomendable film consigue  aunar, durante su dilatado metraje, una primera parte catastrofista trufada de espectaculares efectos especiales que no desmerecen en nada a producciones tipo Roland Emmerich (2012, Independence day) con una segunda mitad mucho más intimista  donde priman las relaciones personales. Esto le da pie a tratar temas como la crudeza de las emociones humanas en situaciones límites,  (impresionante el momento en que la madre debe decidir con que hijo se queda y cual muere sepultado), el perdón (que aquí no desvelaremos) y el amor incondicional a la familia. Si bien no será un plato fácil de digerir para todos aquéllos que no estén acostumbrados al sosegado ritmo oriental si que es recomendable para los amantes de las grandes epopeyas.

Y así entre terremoto y terremoto nos plantamos en la última sesión de la jornada. Si bien se podía haber escogido entre la última producción de la homenajeada Ann Hui, All About love (y que presentó en la sala 3 de los cines Girona la misma realizadora) o el morbo del documental subidito de tono Yoyochu in the land of the rising sex las masas lo tuvieron muy clarito desde el principio, y es que The Man from Nowhere, del coreano Lee Jeong-beom es la heredera directa de la maravillosa Old Boy, de Park Chan-wook. Un  film que crece a medida que su personaje va mutando de pacífico y solitario prestamista a enfurecido y sanguinario vengador. Se ha querido comparar este film al francés El Profesional, de Luc Besson, principalmente por la relación de amistad que el protagonista mantiene con la pequeña Jeong So-mi (Kim Sae-ron, vista en A Brand New Life), y aunque sí pueda admitirse cierta semejanza en el desarrollo de la trama, hasta ahí puede llegar el parentesco, porque The Man from Nowhere destila fuego y rabia en cada fotograma, acercándose mucho más a títulos como OldBoy o A Bittersweet Life. Desde los títulos de crédito quedas atrapado por una historia que sabe desarrollar a la perfección sus diversas subtramas, dotando a cada personaje de entidad propia, por muy secundario que sea, y reservándonos altas dosis de violencia gráfica y realismo que rayan a gran altura. Pura adrenalina. Así podríamos definir sin rodeos este torbellino, tan violento como disfrutable, que es The Man from Nowhere.

Y por hoy nada más, que no es poco. Sólo nos queda azuzar a todo aquel espectador remolón que todavía no se haya decidido a venir a disfrutar de uno de los mejores festivales cinematográficos de Barcelona para que este fin de semana se de una vuelta por los cines Girona y disfrute del espectacular ambiente que allí se vive. Y hoy encima toca maratón, con un montón de sorpresas incluidas.

¡Hasta mañana!

Francisco Nieto

viernes, 10 de junio de 2011

Diario de El Séptimo samurai en el CAFW: hoy nos vamos de inauguración (2)

Sin comerlo ni beberlo hoy ha llegado el día D y la hora H en cuanto a la inauguración del CAFW propiamente dicha se refiere. Hoy han comenzado, y de que manera, las distintas proyecciones en las tres salas de los cinemes Girona, que para todos aquellos que anden un poco desubicados, se encuentran situados en la Calle Girona nº 175, al pie mismo del Barri de Gràcia. Allí esperamos darnos cita durante cuatro días como cuatro soles todos los amantes del cine asiático, ansiosos por devorar la increíble programación que los organizadores del evento nos han preparado.

Hoy ha arrancado la Sección Oficial, donde competirán once películas orientales de reciente producción; la sección Panorama, con seis cintas de los últimos dos años, y la retrospectiva dedicada a la realizadora china Ann Hui, compuesta por cinco de sus películas más representativas, y a la que esta misma noche se le ha hecho entrega del primer Premio Honorífico Casa Asia Film Week 2011 (el segundo galardón, el Premio Casa Asia Film Week,  se entregará a la película  de la Sección Oficial escogida tras la deliberación de un Jurado compuesto por expertos en cine y críticos).

Esta mediodía, y como avanzadilla de lo que vendría por la tarde, se ha llevado a cabo en Casa Asia Barcelona la rueda de prensa y photocall con la presencia de la realizadora homenajeada en esta edición, Ann Hui. Acompañada de la directora y del programador del CAFW, Menene Gras y Mike Hostench, Ann Hui desplegó durante algo más de una hora una simpatía y un encanto fuera de lugar, encandilando a los presentes con sus anécdotas y desgranando multitud de aspectos sobre su forma de ver y hacer cine. Minutos después de la rueda de prensa CineAsia tuvo la oportunidad de realizarle una completa entrevista en exclusiva, entrevista que publicaremos en los próximos días. Cuando a las siete y media de la tarde hacía su entrada en el cine la directora procedente de Hong Kong, su sencillez y buen humor contagiaron a todo el auditorio que llevaba ya unos cuantos minutos de espera. La gala inaugural también pareció contagiarse de la sencillez de la invitada, y fue interrumpida por los aplausos de un público entregado y con ganas de ver cine asiático en el momento en el que Ann Hui recibía el Premio Honorífico de manos de Anna Martínez (Secretaria General de Casa Asia)

Y como este es un festival especial donde los haya, no contamos con una inauguración, sino con dos, en un programa doble que hizo las delicias de un público entregado, primero a las acrobacias imposibles de Reign of Assassins, de Chao Bin-su, y después a las peripecias vitales del hombre más influyente de la filosofía china, Confucio, de Hu Mei (directora china de la que se había anunciado su presencia pero que finalmente no pudo acudir al certámen por motivos profesionales).

Reign of Assassin viene avalada por el nombre de John Woo en letras mayúsculas, quien aquí realiza labores de producción, montaje y supervisión de la filmación. Quién quiera ver la huella del director de clásicos como Misión Imposible 2 o Acantilado Rojo en esta película deberá de hilar muy fino, porque Chao Bin-su demuestra ser uno de los discípulos más aventajados del maestro con un lenguaje cinematográfico propio e individual (tanto en los combates como en los paréntesis melodramáticos). En algunos foros entendidos se ha llegado a comentar que la presencia de Woo responde más a una estrategia de márketing para poder vender el producto en mercados internacionales que a otra cosa. Nos encontramos ante uno de los mejores wuxia (películas chinas que combinan épica y artes marciales) de los últimos años, un film que sabe mezclar a la perfección fantasía y tradición al que se añade un agradecido toque de originalidad. Si dejamos a un lado el uso y abuso de los alambres para las escenas de lucha, de los que nunca he sido un fiel entusiasta (me siguen gustando mucho más los combates cuerpo a cuerpo, estigmas de haber crecido viendo películas de Bruce Lee) y algún que otro personaje secundario un tanto desdibujado en relación a la poderosa pareja protagonista, hay muy poca cosa que reprobarle a un espectáculo endiabladamente entretenido, que se beneficia de un ritmo frenético que no decae en ningún instante contrapunteado con una historia de amor de las de verdad (parece mentira que para que un romance resulte creíble en un wuxia siempre tenga que estar Michelle Yeoh por medio, y aquí la química entre ella y Jung woo-sung es total).

El relato mezcla fantasía y realismo a partes iguales; de hecho, en los típicos duelos espectaculares entre guerreros y asesinos de Kung fu dotados de una magia y una espiritualidad implacable existe una base realista que renueva de alguna manera la acción. Sin querer desvelar la trama en demasía, digamos que por un lado existe una búsqueda por parte de la heroïna de la ficción de una vida normal alejada de hechizos y luchas (algo así como si fuera uno de los cansados samurais de las películas de Yoji Yamada, que buscan el retiro y la paz que el pasado no les ha permitido disfrutar), a la vez que existe otra búsqueda mucho más encarnizada de unos restos humanos (auténtico McGuffin del film) con increíbles poderes que dotan de mayor virilidad y sexualidad a quien los posee. Aquí no se trata de salvar al mundo, sino que hay historias muy independientes y personajes de carne y hueso. Desde luego no se podía empezar de mejor manera adisfrutar de buen cine asiático, y es que Reign of Assassins son dos horas de deleite visual. A más de uno se le caerá la lagrimilla por su fidelidad a las películas de Kung fu de toda la vida: tenemos un elenco de coloridos personajes, cada uno con una habilidad única y emocionante (al estilo de los Shaw Brothers), y en medio una historia de redención y de amor. ¿Quién da más?

Confucio, por su parte, no es una película que levante tantas pasiones,  sea porque su ritmo es más bien sosegado o por su escasez de escenas de acción, que se pueden contar con los dedos de una mano, nos encontramos ante una propuesta diametralmente opuesta a Reign of Assassins. Vaya por delante que su estreno en los cines chinos vino precedido de una fuerte polémica, ya que su irrupción en la cartelra supuso la retirada de los cines de Avatar, de James Cameron, que en esos momentos se estaba exhibiendo con un éxito arrollador. Pero como los chinos son más budistas que Buda (versión libre de la expresión “ser más papista que el Papa”), no se les ocurrió otra cosa que sustituir una por otra, como medida para garantizar que las producciones domésticas se llevaran parte de la recaudación y de la atención mediàtica durante las vacaciones del año nuevo chino (según dicen, para proteger la moral y el orden social del país).  El público montó en cólera, y después de campañas en internet para boicotear a Confucio, la medida tuvo que ser finalmente revocada, lo que fue en detrimento de un film condenado al ensañamiento por parte de crítica y público. Y lo cierto es que no es del todo justo, porque el film, aunque en algunos momentos peque de ser un tanto tedioso, se salva por una interpretación magistral de Chow Yun Fat. Su Confucio es cálido y suave, y realmente consigue que percibamos sus emociones. Supongo que el cambio de registro para los que estamos acostumbrados al héroe de acción ayuda para que nos convenza de su versatilidad, pero quién tenga la suerte de poder ver otra de las películas que proyecta el Festival: The Postmodern life of my Aunt, de Ann Hui, se dará cuenta de que el actor hongkonés es puro carisma, y si no ahí está Tigre y dragón para corroborarlo.

Confucio es más un viaje (un largo viaje) de inspiración que un film de acción. Se divide en dos partes: en la primera se nos habla de la popularidad del mito en el estado de Lu, donde se le conoce por sus justas y equitativas ideas sobre la ejecución de asuntos de estado, mientras que en la segunda nos muestra a Confucio y a sus discípulos vagando en el exilio, debido a los celos políticos y temores acerca de su influencia. Otro acierto del film es contar entre sus filas con el prestigioso director de fotografía Peter Pau, quien alcanzó fama mundial con Tigre y dragón, de Ang Lee. Pau consigue capturar la esencia del periodo y las localizaciones en las que transcurre el film en todo su esplendor. Sin embargo, la película flojea en un guión que salta sin nervio de un evento a otro sin darnos la oportunidad de digerir los hechos para poder identificarnos con los personajes (y eso que la aprición de cada individuo viene acompañado con la impresión en pantalla de su nombre y su cargo, algo que parece estar de moda en el cine chino, ya que en Bruce Lee, my brother, que también se puede ver en el CAFW, es un recurso de nuevo utilizado).

Y hasta aquí la crónica de hoy del Festival. Mañana en el menú tenemos peligrosos triángulos amorosos, catàstrofes históricas y venganzas a lo Oldboy. ¿Te lo vas a perder?

¡Hasta mañana!
Francisco Nieto

DIARIO DE UNA NOVATA EN EL ALBAICÍN. DÍA I. Cometas Voladoras, Familiares olvidados y croquetas tamaño XL

Algo de nervios y temor a no alcanzar el nivel de la casa a la que representas, era la sensación que me recorría el cuerpo momentos antes de confirmarle a CineAsia mi presencia en el Festival Cines del Sur de Granada. A pesar de haber colaborado con ellos anteriormente y considerarme una fan incondicional de su trabajo, hasta ahora jamás me había atrevido a dar el salto de cubrir, con acreditación al cuello, el que sin duda se convierte año tras año en una de las citas más serias, importantes y prestigiosas del cine internacional en España.

Tragando saliva y con el pulso algo revoltoso, a través del teléfono un “¿Y qué tengo que hacer exactamente…?” salió de mi garganta.

Si existe una persona capaz de convertir las tragedias personales de uno en meros sucesos sin importancia capaces de ser solventados con algo de fe y esperanza, ese sin duda es Enrique Garcelán. Solo un par de sus siempre conciliadoras palabras, me bastaron para que la tensión de mi primer encuentro con un festival de cine se desvanecieran como por arte de magia: “Tranquila Rocío. Sólo intenta pasártelo bien”.

Siguiendo tan tranquilizadora recomendación, me apeé en Granada con la idea de disfrutar de unos días de buen cine y por qué no, gozar de ese ambiente mágico, algo místico, multiétnico y cultural que impregna cada rincón de la ciudad de Granada.

Tras disfrutar de la segunda atracción turística más importante para mí después de la Alhambra (hablo de su increíble repertorio de tapas) me dirigí al Teatro Isabel la Católica para ver la primera proyección de la tarde encargada de abrir el festival la noche anterior: The Kite. Una interesante propuesta coproducida por la India y Estados Unidos sobre los problemas estructurales que presenta una tradicional familia de provincia con el festival de cometas más importantes del país como trasfondo. Tras cinco años de ausencia, la repentina visita del hijo menor a la familia supone el desencadenante de una serie de discursos sentimentales que despiertan viejas heridas aún no cicatrizadas y la evocación nostálgica de un pasado que siempre fue mejor.

A través de la vida de seis personajes relacionados entre sí, Prashant Bhargava nos ofrece el relato caleidoscópico de una sociedad enfrentada por la imparable fuerza motriz de la modernidad y la oposición arcaica y puritana de un estilo de vida puramente rural. Estilo ahogado en un sinfín de deficiencias sociales y económicas y del que sólo una vez al año pueden verse liberados de él a través de esa catártica a la vez que metafórica competición de vuelos con cometa.

Tras una dosis de acercamiento real y puro a la vida de una familia provinciana de la remota India, la segunda y última proyección del día en torno al cine oriental: el estreno en sección oficial del último trabajo de Masahiro Kobayasi, la cinta japonesa Haru´s Journey.

Cuando las luces se apagaron y la cinta empezó a correr, el siempre esperado silencio en la sala se hizo, aún si cabe, más sepulcral. La razón: las palabras con las que el propio Kobayashi introducía y presentaba en persona la película: “Los lugares, paisajes y localizaciones que van a ver aquí ya han dejado de existir”. Y es que, por increíble y premonitorio que parezca, Haru´s Journey se desarrolla en la Prefectura de Miyagi, zona devastada por los trágicos acontecimientos del tsunami del pasado 11 de marzo.

Durante buena parte del film resulta casi imposible zafarse de este morboso e inquietante pensamiento: las personas que caminan por el fondo de la escena, los barcos atracados en el puerto, las pequeñas casas, los bares y establecimientos…No dejas de preguntarte cómo puede ser que toda una ciudad se haya desvanecido de esa manera en cuestión de instantes… Sin embargo, y para beneficio de la propia película, el protagonismo de la historia sigue recayendo en la trama del film y no en la tragedia, tal y como el su director pretendía que fuera.

De ese modo, Haru´s Journey nos introduce, como su nombre indica, en un viaje no sólo de tipo geográfico sino también de corte emocional. A través de una experiencia reveladora, la protagonista consigue enfrentarse a los demonios internos que atormentan su vida: la incomprensión y choque generacional con un abuelo cada vez más decrépito, la incertidumbre de un futuro desalentador sin estudios ni empleo y el constante, claustrofóbico y el aterrador elemento tan aparentemente recurrente en la filmografía de Kobayashi: el sentimiento de la soledad y el desamparo.

La película retrata la vida de “dos parásitos”, según palabras de su familia, que intentan ser acogidos por estos cuando por motivos económicos, la protagonista se queda sin trabajo. Emociones tan radicalmente rechazadas y temidas por el sistema de valores japonés como lo son la humillación, la doblegación ante el resto y el patetismo son claramente plasmados en un film que más que criticar la extremidad con que se viven estos sentimientos en el Japón moderno lo que intenta es arremeter contra el sentimiento de individualismo y falta de solidaridad de la sociedad nipona en concreto, y por extensión, a la de la propia raza humana.

Música estridente y dramática, gestos intencionalmente sobreactuados y sobre todo mucha rabia y lengua contenida son los puntos básicos de un film donde nada sobra y todo tiene una misión que cumplir. Absolutamente impactante la soberbia interpretación de la leyenda viva Tatsuya Nakadai. La carga expresiva que irradia en tan sólo una mirada, merecen la inversión de tiempo en los 134 minutos de metraje de la película.

Rocío Vázquez

miércoles, 8 de junio de 2011

Diario de El séptimo samurai en el CAFW: Portal Asia (1)

Todos aquellos pesimistas que pensaron que con la desaparición del BAFF Barcelona se iba a quedar huérfana de buen cine asiático estaban equivocados.  Un año después se estrena el CAFW, Casa Asia Film Festival, un certamen que viene a cubrir un hueco necesario para todo aquél que cree que aún falta mucho tiempo para que llegue el Festival de Sitges. Y los amigos de CineAsia, Gloria y Enrique, tan tenaces e incansables como siempre y apoyados en esta ocasión por  Casa Asia y por dos pesos pesados de la industria cinematográfica catalana como Ángel Sala y Mike Hostench se han salido con la suya, y han montado una semana de cine oriental con una programación que es para quitarse el sombrero. De cómo con un presupuesto tan exiguo y reducido han conseguido traer tal cantidad de buenas películas es algo que sólo se puede entender desde la ilusión con la que acometen cada proyecto. Ojalá tengan mucha suerte y el público responda acudiendo en masa a las sesiones programadas en los cines Girona.

El Casa Asia Film Festival se vertebra en dos espacios y tiempos bien diferenciados: desde el lunes 6 hasta el jueves 9 de junio la programación se concentra en la sede de Casa Asia (con actividades y proyecciones gratuítas), y  a partir de ese mismo día 9 y hasta el domingo 12 inclusive en los cines Girona, donde se proyectarán un total de 30 films, 11 de los cuales compiten en la sección Oficial.

Y mientras esperamos con anhelo y porqué no decirlo algo de ansia a que pasen ante nuestras retinas películas como Reign of Assassins, Confessions, Spce Battleship Yamato, The Stool Pigeon o Bruce Lee My brother iniciamos este diario hablando en dos entregas de las diversas actividades paralelas que se han ido llevando a cabo en Casa Asia, (algo así como un interesante aperitivo para el ágape pantagruélico que se nos avecina).

La actividad que abrió el fuego el lunes a eso de la una del mediodía fue el pase gratuito dentro del ciclo Españoles en Asia de 24 horas abierto (Miantiao) documental ganador del gran Premio del Jurado de la Competición nacional de Cortometraje Documental de la VII Edición del Festival Internacional Documenta Madrid 2010. Dirigido por Xavier Campreciós, se nos explica en menos de media hora el arduo e ininterrumpido trabajo que tiene lugar en un pequeño restaurante regentado por una familia de musulmanes de la etnia hui procedentes de la provincia de Quinghai, al noroeste de China. En este pequeño cubículo donde comensales y comida casi no disponen de espacio se preparan de forma laboriosa y artesanal los fideos de Lanzhou, unos fideos que tienen una pinta estupenda. El documental se adentra en la personalidad de esta familia retratada sobre el telón de fondo de su establecimiento. Ellos viven por y para el trabajo en el restaurante, con unos horarios espartanos que dejan en pañales a aquéllos demagogos que querían imponer en España la jornada laboral de 50 horas semanales. Aquí trabajan 365 días al año sin descanso durante diez o doce horas diarias. El documento tiene su punto álgido en el cautivador proceso de confección a mano de los fideos, que nos recuerda vagamente a la escena más inventiva del último film de Zhang Yimou de reciente estreno en nuestras carteleras: Una Mujer, una Pistola y una Tienda de fideos chinos; aunque también resulta muy interesante descubrir aspectos de su cultura bastante chocantes para las mentes occidentalizadas, como son las bodas de conveniencia o una dieta en la que paradójicamente no tiene cabida el arroz. Campreciós no necesita más que colocar la cámara en los aledaños del local para palpar de primera mano los sinsabores de una vida esclava que provoca desde el rechazo vecinal hasta la melancolía por las oportunidades perdidas. Un trabajo muy recomendable y sabroso al mismo tiempo; advertidos quedan los que lo vean con el estómago vacío.

Un poco más tarde fue el turno para la proyección, dentro también del ciclo Españoles en Asia, del documental Banaras me, del director madrileño David Varela. Durante dos horas, y sin prácticamente diálogo alguno, Varela nos introduce de puntillas en Benarés, una de las ciudades más antiguas y sagradas del mundo donde aún pervive un cierto aire ancestral. Situada a orillas del río Ganges en el estado de Uttar Pradesh, se trata de una de las siete ciudades sagradas del hinduísmo y el budismo. Su estilo recuerda mucho a Baraka, aquel exitoso experimento cinematográfico de la década de los 90 en el que, saliéndose de todo contexto habitual, se proyectaban imágenes escogidas de 24 países diferentes sin implemento de algún tipo de narración o trama específica. Aquí se trata de acariciar la realidad de un microcosmos mágico y captar así la esencia de la ciudad. Voces, miradas, músicas, las rutinas de sus gentes, sus celebraciones y aficiones… las manos de los hombres que tejen variopintos hilares y los ritos a los Dioses, todo mostrado con una pausa y un sosiego que consigue el objetivo de que nos olvidemos durante dos horas de los estreses cotidianos. Indispensable disfrutarlo en pantalla grande.

La primera jornada de Portal Asia tuvo lugar a las 19:30, con una conferencia a cargo de Ángel Sala y Mike Hostech (Festival de cine de Sitges) acarca de la presencia de la cinematografía asiática en los festivales internacionales. Un más que intersante colófón a esta primera jornada, en la que se profundizó en temas como el papel que han desarrollado los festivales en la globalización de la cinematografía asiática: desde que Akira Kurosawa recibiera el León de Oro en venecia por su película Rashomon en 1951, o OldBoy se alzara con la Palma de Oro en Cannes en el 2003. Sin duda un acierto el de esta parte inicial del festival que permite un contacto entre el aficionado y el especialista.  

El martes las actividades de Portal Asia se concentraron exclusivamente en la sesión vespertina: En primer lugar la distribuidora Cameo, de la que nunca nos cansaremos de cantar sus excelencias por el maravilloso trabajo que realiza de difusión de películas de autor, presentó sus últimas y cuantiosas novedades asiáticas. Fijaos que menú más suculento: Para este mes de junio Lola y Kinatay, dos de los trabajos más brillantes del aclamado director filipino Brillante Mendoza y la Trilogía de Yusuf: Huevo, Leche, Miel, del realizador turco Semih Kaplanoglu.

Y como el movimiento se demuestra andando, después de sortear entre los asistentes algunas unidades de estos films se proyectó Kinatay, una de las películas que más polémica y polvareda levantó en su paso por diversos Festivales, entre ellos el Festival Internacional de Cinema de Catalunya 2009, donde consiguió alzarse con el Premio a la mejor dirección. Un film cuya visión no puede dejar indiferente, y que originó encendidas controversias. Después de una primera parte un tanto tediosa, donde las escenas costumbristas dan paso a otras nocturnas en las que los protagonistas se pasean en furgoneta por las calles de Manila, todo para desembocar en una media hora final terrible donde el director se servirá de la violencia extrema para efectuar una denuncia feroz de la corrupción imperante en la sociedad filipina. Comparada por sus impactantes imágenes que bordean el gore con Irreversible, de Gaspar Noé, destaca por la turbulenta fotografía de Odyssey Flores (colaborador indispensable de Mendoza), junto a un diseño de sonido agresivo que amplifica el ruido de la calle. La historia nos narra como un estudiante de la Academia de Policia de Manila, quien se acaba de casar, se ve involucrado en un turbio asunto de secuestro de una prostituta de un club de striptease. Durante angustiosas secuencias, vemos como el hasta ahora ejemplar ciudadano deberá de afrontar la difícil decisión de perpetuar su intachable carrera, asistir impávido a la atrocidad o asumir su culpabilidad en las violaciones y desmembraciones que se producirán. Una auténtica y espeluznante pesadilla visual no exenta de una belleza mezquina no apta para paladares edulcorados.

Por último, la jornada se cerró con un debate sobre la situación de la distribución de cine asiático en España, con la presencia de Mike Hostench, subdirector del festival de Sitges, y Álex Fernández, representante de la distribuidora  Mediatres y Jaume Ripolll (Filmin/Cameo).  Un muy, muy interesante debate sobre el futuro del dvd, como nos decía nuestro colaborador y amigo Victor Miñoz de El Pozo de Sadako.

Francisco Nieto.