jueves, 29 de diciembre de 2011

El thriller coreano: un descenso a los infiernos

Las películas de género en Corea no han sido nunca del gusto del público coreano. El terror, los films de corte fantástico y los thrillers siempre han estado relegados a las últimas posiciones (sólo por encima de las cintas de animación y eróticas) en la tabla de los géneros más vistos en Corea del Sur. En los primeros puestos de la tabla, cómo no, encontramos los melodramas: cintas románticas, dramas lacrimógenos, comedias, etc. Pero según las mediciones y últimos datos del KOFIC (Korean Film Council), los gustos de los coreanos están cambiando y en los, más o menos, últimos cinco años gran variedad de thrillers han sido los que han copado los primeros puestos en la taquilla y en el box office de la cinematografía coreana, así como también han sido todo un revulsivo económico para las distribuidoras coreanas que han visto cómo han aumentado sus ventas internacionales a raíz de la participación de los mismos en festivales internacionales no sólo especializados (sorpresa la nuestra cuando en el Festival de San Sebastián se proyectó un thriller como I Saw the Devil/Encontré al Diablo). Pongamos un ejemplo más claro: en el año 2010, más de 10 thrillers, de entre ellos, No Mercy, Man of Vendetta, The Man from Nowhere, Moss o The Unjust, se estrenaron en los cines de Corea, y su exitosa carrera comercial, así como las buenas críticas recibidas causaron toda una controversia en la escena fílmica del momento. Según la revista Korean Cinema Today, editada por el propio KOFIC, las razones del éxito reciente de los thrillers en Corea han de buscarse en los inquietantes tiempos que vivimos: la oscura visión que se tiene de la actual sociedad coreana es el caldo de cultivo de los temas que plantean la mayoría de los trabajos de género que dominan el mercado de la taquilla coreana hoy en día.

Pero este planteamiento no es nuevo, ya sabíamos que la mayor parte de los cineastas coreanos (sobre todo los que surgieron bajo la acepción del Nuevo Cine Coreano en la década de los 90) no pueden ser inmunes al ambiente social, cultural y político que los envuelve, y todas estas ideas se ven plasmadas en las producciones y en su manera de entender el cine de género. A pesar de que en este tipo de cine, sobre todo el de cariz más fantástico, los espíritus, las tradiciones y leyendas se convirtieron en protagonistas de numerosas historias (sobre todo a partir del éxito de Hideo Nakata, The Ring), a los coreanos les resulta más terrorífico el retrato de la realidad que les envuelve (la maldad humana, la tortura psicológica, la privación de libertad, la venganza, etc). Desde la Guerra Fría entre ambas Coreas (responsable de un buen número de films de ciencia-ficción o política-ficción, como Yesterday o Hanbando), a films basados en hechos reales (los thrillers Voice of Murderer, basado en el secuestro de un niño, o Holiday, centrado en la fuga de una cárcel), o la crítica político-social que puede verse en los films de Bong Joon-ho: Memories of Murder-Crónica de un Asesino en Serie o The Host.
Como consecuencia de esa visión de realidad, muchos de los escenarios más característicos de los films de género, a diferencia de los ultra-sofisticados despachos vistos en los CSI americanos, son los callejones oscuros, las casas (a menudo de una sola habitación) decadentes, hoteles ‘cutres’ y, cómo no, las comisarías de policía: lugares ruidosos donde abundan los golpes y las collejas… y los sótanos. Y por supuesto, consecuencia también de ese acercamiento a la vida real es la ausencia en el cine coreano del héroe hollywodiense (el Bruce Willis de La Jungla de Cristal o el Tom Cruise de Misión Imposible), y éste aparece sustituido por otros personajes más lúgubres, presionados y torturados por un pasado o por la realidad misma que les oprime, y en la que también los policías muestran en muchas ocasiones una descarada falta de ética y profesionalidad. El ejemplo más claro lo tenemos es la película Memories of Murder o bien en The Chaser.

Y es que uno de los directores coreanos más reputados y que fue a su vez Ministro de Cultura, Lee Chang-dong, ya lo dejó bien claro: “Cuando tenía 20 años tenía mis sueños, mis ideales… y eran puros, pero entonces crecí, los perdí, y eso me entristeció. Creo que la dictadura y la matanza de Kwangju, en cierta manera, firmaron la sentencia de muerte para una generación entera. Nos hundimos en la desesperación y nos sentimos traicionados. Así que, en cierta manera, esta traición se convirtió en los cimientos de nuestras vidas”. Estas palabras del realizador revelan por qué muchas veces, el verdadero terror para la sociedad coreana, más allá de los espectros vengativos de larga melena o de la mitología fantástica, haya que buscarlo en la propia realidad. De ahí la fuerza, la violencia y la brutalidad que destilan muchos de los thrillers coreanos, sin duda, emparentados con el universo del terror. Porque si hay una marca de la casa en los thrillers coreanos es la violencia, cuyo despliegue no es difícil de entender si el espectador vuelve la vista hacia la historia reciente de Corea. Pero a diferencia de la violencia contemplada en las producciones de Hong Kong, en el cine coreano la violencia no es estilizada (aquí podríamos hablar de una excepción que confirma la regla y referirnos al magnífico thriller de gangsters de Kim Ji-woon, A Bittersweet Life, realizado en 2005 y que pronto verá su distribución en dvd en tierras españolas… y hasta aquí puedo leer). Es una violencia sucia, que explota entre las manos, difícil de digerir. Para Park Chan-wook, por ejemplo, el mecanismo de la violencia no es simplista, es decir, no es un mero pistoletazo de salida para que se desarrolle la acción del film y captar así la atención del público con algo efectista, sino que su utilización es una suerte de inspiración para explorar los entresijos del alma humana. La violencia que aparece en pantalla es brutal, a la par que imprevisible (puede arrancar desde una secuencia de lo más tranquila). Una de las características es la tendencia a mostrar peleas salvajes con armas básicas (bates de béisbol, palos, navajas), que sorprenden al espectador, mucho más acostumbrado a otro tipo de armas. Véase por ejemplo el travelling donde el protagonista de OldBoy (2003) se enfrenta a un sinfín de adversarios. Park Chan-wook hizo repetir la escena hasta la saciedad, porque buscaba la desesperación del actor, el hecho de tenerlo totalmente agotado… Otro thriller de mafias, A Dirty Carnival (2006), sería un nuevo ejemplo: las peleas entre los gangsters son sucias (palos, bates… cualquier cosa sirve), a diferencia de lo que sucede en la otra película que está siendo rodada durante el transcurso del film (metalenguaje).

Comentábamos que la violencia puede ser imprevisible en los thrillers coreanos, pues bien, esa es una característica más del género en Corea: la imprevisibilidad, la dificultad del espectador por avanzar la acción. A pesar de que las historias que se cuenten sean similares a las que se pueden contar en Occidente, lo importante es el desarrollo: el cómo se cuenta la historia al espectador. Oh Dae-su tiene, en OldBoy (Park Chan-wook, 2003) tan sólo cinco días para descubrir quién ha sido el causante de su encierro de 15 años y el porqué… o sino, Mido (su enamorada) morirá. Así de simple es el argumento que nos propone el director a los quince minutos de iniciada la cinta. La película se convierte desde entonces en una montaña rusa de sensaciones donde el espectador se encuentra descolocado y sorprendido fotograma a fotograma, incapaz de anticipar lo que vendrá a continuación.

Otra de las características más destacables referente a los géneros en la cinematografía coreana es la superposición de los mismos, algo muy ligado con esa necesidad de darle contenido social a las películas (de entroncarlos con la realidad y la sociedad en la que se vive): los thrillers mezclados con las artes marciales, la comedia romántica mezclada con el drama más duro, el terror unido al melodrama… todo esto es totalmente lícito en el cine coreano. Pongamos un ejemplo: la película Happy End (Jung Ji-woo, 1990), en la que el director en el que sería su debut en la realización, ironiza acerca de lo que es un final feliz. Cuando aparecieron las primeras notas de producción, tanto críticos como espectadores imaginaban que se trataría de la típica historia de infidelidades, un drama pasional al uso, de los que tanto abundan en la cartelera coreana. Pero, a pesar de que el director utilice los elementos propios del melodrama, el resultado dista mucho de lo esperado. Happy End, con su secuencia final, es un claro ejemplo de cómo los realizadores coreanos deambulan de un género a otro, emulando a un equilibrista del Circ du Soleil, sin necesidad de una red protectora.

Siguiendo con los porqués del éxito de estas producciones, no sólo en Corea sino también en festivales internacionales, la Korean Cinema Today comenta que otra de las razones de su universalidad es que “estos thrillers, con los logros evidentes que no pueden ser negados, siguen las reglas del género comercial, pero también añaden una profunda reflexión sobre cómo la búsqueda de la codicia y de la venganza puede traicionar el sentido común y cómo la irracionalidad ha arruinado este mundo en el que vivimos hasta límites insospechados”. Pero no sólo los temas universales hacen que los thrillers coreanos puedan ser los más cercanos a las audiencias occidentales. Uno de los aspectos que sorprende al espectador al ver una película coreana contemporánea, es que el tempo narrativo es mucho más cercano al estándar occidental que cuando observamos una película de otra parte de Asia (Japón, Hong Kong o Tailandia). Comparando dos cintas de género, una japonesa y una coreana es fácil comprender este hecho: la japonesa camina a otra velocidad en la presentación de la historia. A pesar de la distancia, nos es más sencillo entender los mecanismos cinematográficos coreanos (montaje, planos, música, etc.). Gran parte de culpa la tiene la influencia americana en el país (recordemos que desde finales de la II Guerra Mundial hay presencia de soldados americanos en territorio surcoreano), amén de la formación en escuelas americanas de los directores que forman parte de la Nueva Ola coreana, y/o sus referentes europeos.

Una década para la historia:

Las primeras de la clase

Tell Me Something, el thriller firmado por Chang Yoon-hyun, con más de 700.000 espectadores, alcanza el tercer puesto de la taquilla coreana en el año 1999. Su premisa de partida es de lo más sugerente: la policía encuentra las partes disgregadas de cuerpos humanos en varias bolsas. Precedida de una importante campaña de promoción, así como de un tráiler de impacto, añadido al carisma de sus dos protagonistas principales, Tell Me Something funciona como un thriller de terror, que persigue a un serial-killer. El film no esconde sus modelos: Seven, una producción de 1995 es fuente de inspiración, o los giallos  de Dario Argento. Con reminiscencias de Carretera al Infierno (Dave Meyers, 1986), el coreano Kim Sung-hong realiza Say Yes, un thriller en forma de road movie con todos los ingredientes: una pareja feliz (al menos en apariencia), un psicópata silencioso y un lugar recóndito donde perderse. Y con un parecido más que razonable a El Silencio de los Corderos, (argumentos, fotografía, montaje, escenarios...), llegaba H  (Lee Jong-hyuk, 2002), un thriller de suspense, con elementos gore, que sigue los pasos de un asesino en serie entregado a la policía a la espera de sentencia. Utilizando un planteamiento hipnótico y una construcción a modo de puzzle, Spider Forest (Song Il-gon, 2004) apuesta por una estructura de thriller de terror adulto: una película que desengrana la historia sin prisas, y que tiende a complicar su planteamiento, pero que a la vez mantiene la intriga y requiere de la participación del espectador, al que premia cuando encaja cada una de las piezas que el director propone.

La trilogía de la venganza

Park Chan-wook es un nombre que no puede obviarse al hablar del cine de género. Un director que se ha coronado como uno de los realizadores más personales de la cinematografía surcoreana, consiguiendo éxitos comerciales y escandalizando a crítica y público tanto por su temática como por su puesta en escena. Tras el humanismo y sentido del humor que despiertan los personajes en JSA, Park Chan-wook iba a darle un golpe seco a todos los espectadores con expectativas de ver algo similar en la pantalla. De los 7 millones que pasaron por taquilla en JSA, sólo 200.000 se enfrentaron a Sympathy for Mr. Vengeance (el primer film del director que pudo verse en un festival de cine en España). Todo parece haber cambiado de uno a otro film, excepto un detalle: un director que sabe utilizar unos recursos u otros, dependiendo de la historia que quiere contar. En Simpathy for Mr. Vengeance, germen de la que sería su Trilogía de la Venganza, Ryu, engañado y estafado por una organización ilegal de venta de órganos (necesita un riñón urgentemente para su hermana enferma), planea junto a su novia el secuestro de una niña rica. Pero las cosas se tuercen y la casualidad, la fatalidad e incluso lo absurdo y lo grotesco llevan a los personajes al borde de la locura, causando una ola de crímenes, violencia y por supuesto… venganza y horror. La venganza en Sympathy for Mr. Vengeance es la manera más violenta de redimir la ley humana de ‘causa-efecto’. El ser humano se toma la venganza como forma de retomar el sentido racional de su existencia. En OldBoy  (2003), la venganza actúa como mecanismo de supervivencia. No habrá perdón ni redención para sus personajes, uno acabará muerto y al otro no le quedará más remedio que borrar sus huellas, dejar al monstruo atrás y perder su memoria, para poder continuar adelante. No es un renacer verdadero sino que es, por así decirlo, una especie de ‘atajo’ para poder continuar viviendo. La trilogía se cerraría con Sympathy for Lady Vengeance (2005), donde se presenta la venganza como vehículo para la redención, como la manera de expiar los pecados. Geum-ja sale de la cárcel después de 13 años en ella con un único propósito, vengarse de aquél por culpa del cual ingresó en prisión a los 18 años. Esta vez la venganza se sirve a través de los ojos de una mujer. Pero en esta ocasión ella no es el arma ejecutora, sino que sólo prepara el terreno y, al final, es una mera espectadora de la venganza que llevan a cabo los padres de los niños asesinados.

Un alumno aventajado

Memories of Murder es, sin duda alguna, una de las películas imprescindibles si hablamos del thriller coreano y fue presentada en 2003 por otro de los jóvenes talentos del cine de la Nueva Ola: Bong Joon-ho, un director que después de trabajar como asistente de dirección del director Park Gi-yong en el film Motel Cactus, comienza su carrera como director de largometrajes. Su segunda realización Memories of Murder-Crónica de un Asesino en Serie, la historia de dos policías muy diferentes investigando los crímenes de un asesino en serie, ambientada en la sociedad coreana de los años 80 y todavía bajo la huella de la dictadura militar, se convirtió en la película más vista por el público coreano el año de su estreno, además de ser laureada en los diferentes festivales por donde se proyectó. Memories of Murder es un thriller, un drama político-social, y a la vez una película de terror. El escenario del film parece un coto de caza, una caza al hombre donde la presa se revela particularmente inalcanzable. Además, los policías son también acosados por la prensa y por la población, quienes están cansados de los abusos de poder por su parte.

Considerada por muchos como un Memories of Murder que acontece en la época Joseon y que bebe de clásicos ya como El Nombre de la Rosa (el papel interpretado por Cha Seung-won es muy similar al que interpretara Sean Connery), Blood Rain (2005) contiene elementos fantásticos (el elemento sobrenatural sobrevuela todas y cada una de las escenas en forma de un fantasma que reclama venganza), de thriller laberíntico (el director introduce los flashbaks dentro de la narración sin necesidad de preavisar al espectador, lo que confiere al conjunto la estructura de un puzzle inacabado), o de género de terror (las imágenes de los asesinatos, así como el clima que se respira en la isla, es de una asfixia creciente). La época Joseon ha sido y es fuente de numerosas producciones de este tipo, como las más recientes Shadows in the Palace (2007), ópera prima de la directora Kim Mee-jeung, o Detective K (2011), segundo trabajo del director Kim Seok-yun.

La nueva ola ‘noir’

¿Hacia dónde se dirige el thriller coreano en estos momentos?  ¿Cuáles son las últimas tendencias?

Si bien entre 2006 y finales de 2007 se introducía el elemento melodramático en la mayoría de las producciones de cine negro coreanas (bastantes de ellas entroncadas con el género de gangsters como es el caso de Righteous Ties, Winter Blues, A Dirty Carnaval o Rough Cut, ésta más reciente, presentando unos gangsters que pierden su aureola para transformarse en seres aún más realistas que viven en continua contradicción, a la búsqueda del respeto y de una vuelta hacia la normalidad), en los últimos años lo que impera es el análisis de la violencia, llegando en algunos casos a plasmar en la pantalla una violencia hiperbólica, como es el caso de la última película de Kim Ji-woon, Encontré al Diablo (2010) o la película culpable de este reportaje, The Yellow Sea, segundo trabajo del casi-debutante Na Hong-jin.

Todo empezó en el año 2008 cuando el film The Chaser consigue alcanzar el tercer puesto en la taquilla coreana. Los productores debieron pensar: si al público le gusta, tendríamos que darle más. The Chaser (Na Hong-jin, 2008) es una de las últimas producciones coreanas donde el thriller y el film de terror caminan unidos de la mano. Nos encontramos ante una película dura, muy dura, no sólo por la violencia física que destilan sus imágenes, sino por la violencia de las situaciones y la tensión emocional y el horror a los que el espectador se enfrenta durante su visionado. Inicialmente pudiera parecer que nos encontramos ante un esquema típico de género negro: el juego del gato y el ratón. La cacería o persecución a la que alude el título de la película se produce desde el instante inicial, pero su desarrollo se aleja del ideario fílmico occidental: desde la motivación que lleva al ex policía y actual proxeneta a iniciar la persecución, en un intento por evitar que el negocio pueda verse resentido al creer que le están “levantando” las chicas, hasta la resolución policial, que lleva a la detención del asesino mediada la película, y donde el espectador llega a preguntarse, hacia dónde va a dirigirse la trama.

Tal y como nos adelantaba el KOFIC en su revista mensual sobre cine coreano, el año pasado la taquilla de Corea se decantó por dos thrillers: Moss, un muy entretenido ejercicio de suspense donde el entorno rural se muestra de todo menos apacible, cuyo director, Kang Woo-seok, ya conocíamos desde hace algunos años por la cinta bélica Silmido (una de las primeras películas de la Nueva Ola del cine coreano que pudo llegar hasta nosotros); y The Man from Nowhere, sin duda uno de los mejores thrillers filmados en Corea en 2010 y el megahit del año, un thriller oscuro y violento en la línea de la Venganza protagonizada por Liam Neeson o Leon, la cinta de Luc Besson, y por si fuera poco protagonizada por Won Bin (una de las jóvenes estrellas del star system coreano del momento) que con su carisma y la estilizada dirección de Lee Jeong-beom hicieron que un "thriller más" se convierta en todo un fenómeno: la puesta en escena, la fotografía y el trabajo de cámaras es simplemente excepcional, al altísimo nivel al que nos tiene acostumbrados los técnicos surcoreanos, ayudando a crear una ambientación simplemente perfecta, ideal para una historia noir (por cierto, seguimos de suerte y The Man from Nowhere verá la luz en las carteleras de nuestro país en 2012).

Sin embargo, el éxito de público no acompañó al que sin duda es para nosotros el mejor thriller realizado en 2010, I Saw the Devil/Encontré al Diablo, pues la audiencia quedó excesivamente perturbada con la violencia que ofrece el último film de Kim Ji-woon, al que relegó fuera del top ten del box office (recordemos que algunas de las escenas del film original sufrieron algún que otro tijeretazo por parte de la censura coreana). Encontré al Diablo es el ejemplo perfecto de hacia dónde va el thriller coreano en la actualidad: la búsqueda de las raíces del mal, hasta dónde es capaz de llegar el ser humano cuando entra en la espiral de la violencia, dónde están los límites… Y estas preguntas nos llevan inevitablemente a hablar de unos de los thrillers más importantes de este año en Corea. Sin duda alguna nos referimos a The Yellow Sea, el segundo trabajo de Na Hong-jin, estrenado a finales de 2010 en Corea y que llega ahora a nuestras pantallas (recordemos, el 5 de Enero concretamente): la violencia hiperbólica, el drama social de la inmigración, las bandas mafiosas, una infidelidad como elemento melodramático… Todas las características que hemos comentado en estas páginas en una sola película… aunque la taquilla coreana se quedó a medias y poco más de 2 millones de personas acudieron a las salas a verla. Algo mejor le fue a The Unjust de Ryoo Seung-wan, un thriller político que habla de un hecho real acaecido en los estamentos de la justicia y la política en Corea, con cerca de 3 millones de espectadores.

Con un 2011 a punto de finalizar y que nos ha dado muy pocas propuestas en cuanto al género del thriller se refiere (dignas de mencionar, claro está, porque haberlas las ha habido), habrá que esperar al 2012 para ver los trabajos en producción de grandes nombres del género como son Park Chan-wook, Bong Joon-ho y Kim Ji-woon. Los tres trabajando en América… da un poco de miedo, la verdad. Esperemos que los ‘cambios de aire’ no les afecten demasiado en su esencia.


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Gloria Fernández y Enrique Garcelán

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Box Office China (Diciembre de 2011): entre las dagas voladoras de Hark y las flores de Yimou

Ante la avalancha de turrones, mazapanes, mantecados y demás manjares navideños que se avecinan por estas fechas no estaría de más cogerse un avión y plantarse en mitad de Beijing para disfrutar de las jugosas ofertas cinematográficas que se pueden ver estos días por la capital china.

En el lugar más destacado de este top ten con el que cerramos el 2011 encontramos, cómo no, The Flowers of War, el megahit dirigido por Zhang Yimou e interpretado por Christian Bale que tiene visos de arrasar la taquilla durante varias semanas. El director chino que en su día filmó una obra maestra detrás de otra (La Linterna Roja, Vivir, Ni Uno Menos...) acomete los atroces acontecimientos que tuvieron lugar en 1937 durante seis semanas en la ciudad china de Nanking, entonces capital de la República, ocupada por el ejército japonés. Como bien se pudo apreciar en otras dos aproximaciones cinematográficas actuales de igual temàtica, el documental de nacionalidad americana Nanking (2007), dirigido por Bill Guttentag y Dan Sturman, y la más conocida y multipremiada (ganó el Premio a la mejor película en Cannes) producción china Ciudad de Vida y Muerte de Chuan Lu, lo acaecido durante esos días no fue precisamente moco de pavo: violaciones a menores, asesinatos a quemarropa, desmembramiento de civiles y el vandalismo más salvaje compusieron uno de los episodios más tristes de la Historia. Habrá que ver cuál ha sido la aproximación realizada por Yimou a los hechos históricos, aunque las primeras críticas aparecidas tras el estreno ya apuntan a una cierta desdramatización de la trama, que prefiere centrarse más en los actos individuales de heroísmo en general, y en el cambio de actitud de un sacerdote extranjero en particular, para dejar al público con la sensación de que quizás la raza humana no es tan mala después de todo. 

Y si sonado está siendo el estreno de este film, no le va a la zaga el que ocupa el número dos de nuestro box office. Nada más y nada menos que la nueva producción de Tsui Hark, The Flying Swords of the Dragon Gate, una nueva versión del film Dragon Inn que el mismo director realizó en 1992, y que a su vez ya era un remake de otro clásico del 1967 de mismo título rodado bajo la batuta de King Hu. Esta nueva versión tiene el honor de ser considerada como la primera película del género wuxia rodada íntegramente en 3D. El elenco actoral es de los que quita el hipo, con Jet Li a la cabeza, acompañado de Fan Siu-wong (a quien veremos en pocos meses compartir cartel con Donnie Yen en The Monkey King) y Zhou Xun (vista en Confucio y True Legend). Tsui no sólo ejerce tareas de dirección sino que también ha escrito el guión y se ha jugado parte de su patrimonio en la producción del que promete ser un espectáculo visual a gran escala.

Estrenada con muy pocos días de diferencia respecto a Hong Kong, la tercera posición del ranking es para Magic to Win, el film familiar de ciencia ficción filmado por Wilson Yip, al que ya nos referimos en nuestro box office hongkonés. Cuarto lugar para White Vengeance, también conocida como Hong Men Yan, otro film de corte épico que centra su trama en el histórico banquete que tuvo lugar en el año 206 a.c. en Hong Gate, un lugar situado a las afueras de Xianyang, la capital de la Dinastía Qin. Protagonizan Leon Lai, Yifei Liu, Zhang Hanyu y en roles un tanto más secundarios los magníficos Anthony Wong y Jordan Chan.

Justo en mitad de nuestro top encontramos el único trabajo foráneo de toda la lista, Sector 7, film coreano que se proyectó recientemente en el Festival de Sitges 2011 y que suscitó opiniones divididas entre prensa y público. Justo después de ella hallamos dos películas con un denominador temático común, el mundo de la velocidad y los coches de carreras. La primera de ellas es Speed Angel, la historia de tres mujeres que harán lo indecible por cumplir su  sueño de llegar a ser corredoras profesionales de coches de carreras. ¿Y quiénes son estas tres intrépidas chicas? Pues tres bellezones de la talla de las chinas Rene Liu (A World without Thieves, The Matrimony) y Tang Wei (Wu Xia, Late Autumn), y la japonesa Chie Tanaka (Ping Pong, Initial D). Mientras tanto, la segunda cinta automovilística colocada en la posición octava es Racer Legend, una adrenalínica cinta que mezcla drama y acción a partes iguales, con la presencia del sempiterno Eric Tseng, que en este 2011 que ahora finaliza ha rodado la friolera de seis películas, un auténtico todoterreno.

Los tres últimos emplazamientos de nuestro box office chino de Diciembre los ocupan, respectivamente, A Big Deal, una comedia en la que unos jóvenes emprendedores deciden montar una empresa con todos los obstáculos y quebraderos de cabeza que eso supone; Cold Steel, un film de acción puro y duro donde un cazador decide sumarse a un grupo de francotiradores chinos para luchar en plan escaramuzas contra el ejército japonés (con la presencia de la hija de John Woo, de nombre Angeles) y Dear Enemy, un film romántico protagonizado por la directora y actriz Xu Jinglei (Shinjuku Incident, The Warlords) y el cantante y ocasional actor Stanley Huang (Go Lala, Go, dirigido por la propia Xu Jinglei).

Por nuestro colaborador Francisco Nieto

martes, 27 de diciembre de 2011

La frase semanal: "Matamos a sus seres queridos"...

Matamos a sus seres queridos.
Juan de los Muertos (estreno en España el 4 de Enero)

Mientras los zombies de la Habana, después de triunfar en los festivales de medio mundo, y en nuestro país (tras su pase por los festivales de Sitges, Semana de Terror de San Sebastián y Fancine), prometen desembarcar en las costas españolas a partir del 4 de Enero con un eslogan tan divertido como cierto: “matamos a sus seres queridos… por una módica cifra de dinero, claro”, CineAsia prepara las maletas para marcharse a la isla de Cuba. Sí, la noticia es cierta, no estamos a 28 de Diciembre, los santos inocentes no llegan hasta dentro de unas horas. Cineasiáticos, preparad las maletas que nos marchamos para la Habana.

La Escuela Internacional de Cine y TV de San Antonio de losBaños (EICTV), considerada como una de las instituciones más importantes de su tipo en el mundo, fue fundada el 15 de diciembre de 1986 como filial de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano (FNCL), por  el escritor y periodista colombiano Gabriel García Márquez, el poeta y cineasta argentino Fernando Birri, y el realizador y teórico cubano Julio García Espinosa. Concebida como una escuela de formación artística, la EICTV puso en práctica una filosofía particular: la de enseñar no a través de maestros profesionales, sino de cineastas activos, capaces de transmitir conocimientos avalados por la práctica, la experiencia en carne viva, una constante actualización.

Coincidiendo el presente año 2011 con la presencia de CineAsia como parte del comité de programación en Cines del Sur - Festival de Granada de Cine, se planteó lo posibilidad de realizar dos talleres de cine asiático en la escuela de cine cubana, una posibilidad que cristalizó a finales del mes de Septiembre.

CineAsia, de esta forma, se traslada durante quince días (del 7 al 21 de Enero) a la escuela donde se graduó Alejandro Brugués (director de la divertidísima Juan de los Muertos) para compartir con los jóvenes estudiantes nuestra pasión por el cine asiático. Una aventura que nos ilusiona en gran manera, y de la que os mantendremos informados.

Próxima parada: San Antonio de los Baños (La Habana, Cuba).

jueves, 22 de diciembre de 2011

Hablamos con: Na Hong-jin, director de The Yellow Sea

Como ya hiciera con su anterior y primer film The Chaser, el director coreano Na Hong-jin presentó en el pasado Festival de Sitges su nuevo trabajo: The Yellow Sea, película que para su sorpresa (así nos lo expresó su cara al comentárselo) tiene distribución en España (a cargo de Mediatres Estudio) y además se estrena en nuestro país el 5 de Enero próximo (todo un logro y un motivo de felicidad para el aficionado, a sabidas cuentas de lo que suele pasar con películas asiáticas que, o no llegan, o bien se estrenan o lanzan en dvd al cabo de un año o dos después de su visionado en un festival).

Na Hong-jin regresó a Sitges más maduro... y también menos accesible. Expliquémonos: si comparamos nuestro anterior encuentro con el director años atrás cuando presentó The Chaser en Sitges, donde se mostró abierto, feliz y entregado en las entrevistas (por lo menos en la nuestra), tenemos que decir que este año Na se mostró mucho más cauto, mucho más escueto en sus respuestas, costó mucho llegar a él y que confiara en quien escribe… ¿Fruto quizá de la respuesta del público coreano a su película (no tan exitosa como se esperaba)? ¿De los rumores sobre la producción del film y sus deudas? No nos atrevimos a preguntárselo… Pero aún con todo esto a sus espaldas, Na Hong-jin debería estar contento, ¿por qué? Sencillo: The Yellow Sea es un thriller impactante, un drama social intensísimo, su director ha crecido y nos demuestra que es un portento detrás de la cámara y que lo que vislumbramos en The Chaser no es fruto de la casualidad, la crítica mundial le ha sonreído y las ventas internacionales están funcionando… ¿Qué más puede pedir Na Hong-jin?

Os dejamos con la entrevista que compartimos con nuestros amigos de Asiateca y que hicimos en Octubre a Na Hong-jin para ver si encontráis las respuestas.


CineAsia: La temática de los inmigrantes chino-coreanos es una temática muy difícil, muy complicada de tratar en la sociedad coreana. ¿Como eligió un tema tan delicado?

Na Hong-jin: No he pensado que el tema de los chino-coreanos sea difícil de tratar, no lo he pensado así.

CineAsia: ¿No cree usted entonces que los temas políticamente incorrectos en Corea no son difíciles de tratar?

Na Hong-jin: Aquí también habrá mucho inmigrantes, muchos extranjeros trabajadores, y los chino-coreanos en Corea son trabajadores. Sin embargo, son inmigrantes que no se distinguen por la fisonomía o por el lenguaje, utilizamos el mismo lenguaje y tenemos la misma fisonomía. No creo que este tema sea difícil de tratar porque los considero como el aire o el agua, veo a estas personas diariamente y yo nunca los he considerado como extranjeros. Realmente no pienso que sea un tema difícil y realmente ha sido ahora cuando hay un discurso y polémicas con estos temas porque antes no le interesaba a nadie.

Para preparar esta película fui a China en persona. He visto muchísimos chino-coreanos, quería encontrar el máximo número de ellos posible, y todos ellos eran totalmente inocentes solo que desde hace tiempo han descubierto el valor del dinero, para ellos éste es el máximo valor en la vida y pierden muchas otras cosas para conseguirlo. Realmente me daban muchísima pena, los vi, los escuché y quería hablar sobre ellos.

CA: Sabíamos que había estado rodando en China en Yanbian y en Qiqihar: ¿cómo fue el rodaje allí?

NHJ: El rodaje en China fue muy, muy duro, incluso mi equipo me dijo que no podía estar en el rodaje por lo que casi el 80 o el 90% de las escenas en China son con cámara oculta. Bueno, la verdad no estoy muy seguro de que debiera rebelar este dato (sonrisa).

CA: La estructura de la película se divide en 4 capítulos, ¿por qué? Además a nosotros nos parece que hay 2 partes muy diferenciadas: los 2 primeros capítulos, donde hay una narración mucho más sobria y lineal, y una segunda parte que se llena de acción. ¿Era así como estaba planteado desde el principio? El hecho de que estuviera FOX en la producción le obligo a que esa parte fuera un poco más comercial.

NHJ: La idea original eran 3 capítulos pero se convirtió en 4 en el montaje. Realmente la post-producción la hicimos en tan solo un mes con lo cual estaba como loco (sonrisa). Además, en un principio la primera parte era muy larga y pensé en dividirla. La razón de esta división es que originalmente yo quería hacer solo la persecución del personaje protagonista, pero me di cuenta de esa estructura era demasiado difícil por eso la dividí en 2: una parte antes de la inmigración y otra después, el punto de vista va y luego vuelve.

Sobre el tema del capital americano, pues claro, cuando hay una inversión en mis películas siempre me preocupa el resultado final ya que me dan dinero y tengo que considerar que son inversores, pero sinceramente no me ha influido este hecho a la hora de hacer las escenas de acción. Pero sí que me preocupo mucho por mis inversores sean quienes sean.

CA: A los inmigrantes chino-coreanos se les llama de una forma especial, Joseonjok… ¿Nos puede dar más datos?

NHJ: Ante todo decir que los chino-coreanos realmente me dan muchísima pena. El significado literal de Joseonjok es "la etnia de Joseon", una antigua dinastía de reyes de Corea y actualmente relacionada con la gente de Corea del Norte, porque ellos aún utilizan esa referencia. En China hay muchísimas etnias como es el caso del Tíbet, quizás el más destacable, y los Joseonjok son como la etnia del Tíbet pero en Corea, es la etnia minoritaria. Los chino-coreanos que viven en China saben qué está pasando en Tibet, sin embargo, tienen el mismo punto de vista que cualquier chino original. Eso me llevó a preguntarme qué tipo de identidad tiene esta gente pero no encuentro realmente una respuesta clara sobre este tema.

CA: En otro orden de cosas: ¿tan mala es la policía coreana? ¿Tan ineficaz? Porque tanto en The Chaser como en The Yellow Sea parece trasmitirse esa sensación.

NHJ: Creo que el tema de la ineficacia de la policía sólo es tratado en The Chaser, pero concretamente no se habla de ineficacia de la policía sino más bien del sistema coreano. En Corea hay crímenes muy importantes y por lo general los delincuentes terminan en la cárcel. Si yo cometiera un crimen sabría que iría a la cárcel, por lo tanto solo he retratado el problema del sistema en The Chaser. Pero en The Yellow Sea no era mi intención hablar de esto. Es verdad que hay una escena en que un policía con un perro se cae, pero esto no estaba en el guión, el extra hay un momento en que cae por casualidad, me pareció muy gracioso e incluí esta escena en el montaje (risas).
Cuando hago una película quiero prescindir de todo lo innecesario, quiero que se destaque la esencia, lo demás lo considero desechable. La principal idea de The Yellow Sea es la huida del protagonista y por tanto me daba igual que la policía fuera útil o inútil.

CA: En esta película vuelve a repetir con los actores con los que ya trabajó en The Chaser, Ha Jung-woo y Kim Yun-seok. ¿Se siente cómodo con estos actores?

NHJ: En The Chaser trabajé con muy buenos actores, yo mismo aprendí muchas cosas de ellos. Lo que sucede es que mi experiencia con actores se limita a ellos, ellos son los únicos con los que he trabajado (risas). Por ejemplo, si voy a un restaurante hay comida que ya he probado y otra que no, pero si hay algo que he probado y me gusta mucho entonces elegiré eso antes que otra cosa.

CA: Pero, ¿ellos aceptaron rápidamente trabajar con usted? A veces por agenda es muy difícil. Debe de tratarlos bien.

NHJ: Sí, después de The Chaser entablamos una buena amistad.

CA: 2 películas, 2 thrillers, y thrillers muy contundentes y espectaculares que a nivel internacional han dado mucho que hablar, películas que se van a distribuir en España. ¿Por qué le gusta el thriller? ¿Qué puede explorar con el thriller que no encuentra en otros géneros? ¿Seguirá en la línea actual en el futuro?

NHJ: Cuando empecé a escribir guiones, escribía solo en mi habitación y me venía a la mente la idea de hacer una película taquillera. En Corea la mayoría de las películas taquilleras son románticas y al final hay que llorar un poquito, pero no me importaba escribir un guión de este tipo y realmente llegué a escribir uno, se lo enseñé a un amigo y éste tiró el guión y me dijo: "¿Qué es esto? Tú tienes que seguir tu estilo". Fue entonces cuando empecé de nuevo con el guión y salió The Chaser (sonrisa).

Pues si lo que le sale cuando comienza a escribir los guiones son thrillers, siga así Sr. Na, aquí estaremos encantados de seguir su carrera.


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Gloria Fernández (CineAsia) y Jorge Endrino (Asiateca)
Fotos: Mario Herrera

The Yellow Sea: Estreno en España el 5 de Enero de 2012

Cuando se estrenó The Chaser (2008), la ópera prima de Na Hong-jin, pareció algo más que otro de los buenos thrillers a los que nos tiene acostumbrados la cinematografía surcoreana (quizás sea en este género donde Corea de Sur ha tenido más influencia en el panorama fílmico internacional [1], si bien su idiosincrasia parece difícilmente imitable de manera íntegra en otros contextos culturales y de producción). Más allá de su firme pulso narrativo y brillantez técnica, destacaba por una apuesta estética arriesgada, como es la de no conceder refugio a la audiencia en una obra oscura y furiosa (retrato de un submundo espeluznante en pleno corazón urbano, o sea, civilizatorio), inestabilizando todo asidero moral y negándose a reconfortar en su cierre. Se habló entonces del gran talento de Na; y éste vino a confirmarse dos años después (la película nos llega, para no perder la costumbre, con retraso, pero celebremos que sea relativamente poco ¡y que venga en pantalla grande!). The Yellow Sea sigue en esta línea (roja), además de plantear un tema delicado y olvidado como es el de la precaria situación de los exiliados de Corea del Norte, tanto en la vecina del sur como en China, sus dos destinos habituales.

Durante las dos primeras partes de las cuatro en las que quiere dividirse esta película, se nos cuenta la terrible realidad de un norcoreano residente en China, Gu-nam (Ha Jung-woo), quien después de pedir dinero prestado a unos mafiosos para que su mujer pueda emigrar a Corea del Sur, se encuentra con que ésta no da señales de vida ni le envía el dinero necesario para pagar la deuda, mientras se ve amenazado por los usureros y a punto de perder su trabajo de taxista. Desesperado, acepta una oferta que solventará sus problemas económicos, además de permitirle viajar a Corea donde, tal vez, pueda reencontrar a su esposa; a cambio sólo tiene que hacer una cosa: matar a un hombre. Durante el viaje y la estancia en su media patria, conocerá la patética situación de otros inmigrantes del Norte, condenados a la pobreza, la marginalidad y la explotación. Hasta aquí, la atención de la obra está puesta en el drama humano, y el retrato de personajes y ambientes (sucios y descoloridos a través del tratamiento de la imagen) lleva la voz cantante de la narración. El film, sin embargo, se distingue a simple vista de otras producciones con similar planteamiento temático por medio del estilo. El director actúa, especialmente a través del montaje (elíptico y algo sincopado), sobre el tempo, dotándolo de un dinamismo que es ajeno al cine de raigambre social al uso. La continuidad de esta técnica permite que el film no se rompa cuando, a partir del intento de asesinato por parte de Gu-nam de su objetivo, dé un giro decisivo hacia el género. Un género que viene marcado, además de por el frenesí rítmico, por una violencia que transita de lo crudo a lo cómico conforme se torna hiperbólica. Esta hiperviolencia, que una vez estalla será irrefrenable, sin duda dará que hablar (y ahuyentará a muchos espectadores), como ya sucedió con la de I Saw the Devil (Encontré al Diablo) (2010) de Kim Ji-woon; pero lo lógico sería aceptarla como una figura de estilo de un cineasta, un género y una cinematografía que han convertido el sufrimiento de la carne (y su estilización) en un hecho diferencial.

La cosa tiene su lógica. La crueldad del film plantea un doble reto al espectador del que la película saca provecho en términos de discurso: por un lado cuantifica su aguante ante imágenes agresivas, no solo por su sadismo estremecedoramente explícito, sino también por su proximidad emocional (si bien ya he dicho que hacia el final se aplica cierta distancia irónica que suaviza su impacto), y con ello sigue expandiendo los límites de la representación visual del cine (más o menos) mainstream; y por otro, problematiza la identificación con los hechos y su protagonista, víctima y verdugo a un tiempo, hombre de bajos fondos capaz de sacrificarse pero también de matar (aunque sea a regañadientes) para sobrevivir. Hay que decir que esto, que ya ocurriera con The Chaser (si bien Joong-ho (Kim Yun-seok), el personaje principal de aquélla, exhibía una moralidad aún más cuestionable), no es patrimonio exclusivo de las cintas de Na Hong-jin, sino una característica habitual de los más perfectos ejemplos del thriller surcoreano contemporáneo, con la conocida Memories of Murder (Bong Joon-ho, 2003) a la cabeza. Como escribiera Roberto Cueto, desde Corea se ha recuperado “esa ambigüedad perdida para el género en un Occidente obsesionado por la corrección política, [poniendo] en un brete a los espectadores acostumbrados a ser manipulados en la dirección adecuada” [2].

The Yellow Sea, pues, es un desafío. Un film que si no inventa nada, sí que lleva al límite propuestas formales atrevidas. Y, salvo algún que otro desajuste de la trama, lo hace a través de un dominio absoluto de la expresividad del lenguaje (fílmico).

Lo mejor: Son dos películas en una pero no se nota.
Lo peor: Algún agujero negro del argumento.

Por nuestro colaborador Jordi Codó


[1] Spike Lee está trabajando en un remake de Oldboy (Park Chan-wook, 2003) (!)
[2] “Un nuevo cine para una nueva realidad (… o las películas coreanas que los coreanos quieren ver)”, en Elena, Alberto (ed.): Seul Express. La renovación del cine coreano (1997-2004). Madrid: T & B Editores, 2004, pg. 40

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Box Office Hong Kong (09-11 de Diciembre de 2011): Wilson Yip planta cara a Tintín

Cinco películas autóctonas, una india, una coproducción húngaro-británica y cuatro americanas conforman la cartelera hongkonesa correspondiente a esta segunda semana de Diciembre.

El top se lo lleva en esta ocasión la muy animada Las Aventuras de Tintín: el Secreto del Unicornio, otra máquina de hacer dinero del tándem Steven Spielberg-Peter Jackson que está arrasando en todos los países donde se proyecta. A causa del furor desatado por esta adaptación del famoso cómic de Hergé un film como Magic to Win, de Wilson Yip, que en otras circunstancias sería candidato claro al número uno, dado que el director cuenta sus trabajos por auténticos acontecimientos en China, se tiene que conformar en esta ocasión con ocupar una muy meritoria segunda plaza. Después del rotundo éxito de crítica y público cosechado con su anterior trabajo, Ip Man, Yip se decanta en esta ocasión por la comedia de acción más familiar. Basada en la famosa serie de películas Happy Ghost de finales de los 80, Magic to Win nos cuenta la historia de una chica cuya vida cambia de manera radical cuando hereda los superpoderes de su padre. Gracias a ellos empieza a vivir de manera más cómoda e incluso los utiliza para sobresalir en el mundo del deporte. El abuso de sus poderes acaba por atraer a un acérrimo enemigo de su padre, quien lleva años tramando una cruel venganza. Protagonizan la cinta Louis Koo (Triple Tap, Don’t Go Breaking my Heart), Chun Wu (14 Blades, My Kingdom) y la guapísima debutante Karena Ng (ojito con ella, porque promete y mucho).

Recién estrenada y cerrando ya las posiciones de podio encontramos White Vengeance, también conocida bajo el título de Hong Men Yan, un film que centra su trama en el histórico banquete que tuvo lugar en el año 206 a.c. en Hong Gate, un lugar situado a las afueras de Xianyang, la capital de la Dinastía Qin. Las principales partes implicadas en tan singular ágape fueron Liu Bang y Xiang Yu, dos prominentes líderes de las fuerzas insurgentes que llegaron a rebelarse contra esta Dinastía, llegando el primero de ellos a fundar la Dinastía Han. Entre el nutrido elenco actoral que participa en el film hay que destacar la presencia del siempre efectivo Anthony Wong (Vengeance, Exiled) junto a otros actores menos conocidos para el gran público como los emergentes Leon Lai (Bodyguards and Assassins, The Matrimony) y Yifei Liu (A Chinese Fairy Tale). Dirige Daniel Lee, todo un especialista en rodar films épicos, con títulos como los recientes Three Kingdoms o 14 Blades.

En cuarto lugar un film taiwanés que ya va por su segundo mes en cartelera. Se trata de You Are the Apple of my Eye, una comedia con tintes melodramáticos que nos cuenta de manera harto nostálgica y divertida la vida de un adolescente taiwanés en tres etapas: sus años de instituto, de universidad y su llegada a la edad adulta. Todo un exitazo en su país y seguramente uno de los “sleepers” de la temporada. Y si longeva está resultando la andadura de You Are the Apple of my Eye, qué decir del film indio 3 Idiots, un auténtico bombazo en taquilla que lleva la friolera de quince semanas instalado en nuestro top diez. Esta comedia de 2009 dirigida por Rajkumar Hirani nos cuenta el periplo de dos amigos que buscan a otro compañero perdido. En este viaje se encontrarán con una apuesta perdida, una boda y un funeral fuera de control.

Sexta y séptima posición, respectivamente, para la nueva apuesta animada de la Aardman para estas Navidades, Arthur Christmas y el nuevo e incomprendido film protagonizado por Johnny Deep, The Rum Diary, propuestas internacionales que se completan con el Cascanueces en 3D dirigido por Andrei Konchalovskiy, colocada en penúltima posición, y las dos partes en las que se ha dividido la megaproducción de 275 minutos Warriors on the Rainbow: Seediq Bale, cinta épica basada en el “Wushe Incident”, que tuvo lugar en 1930: un incidente que acabó con una rebelión de los aborígenes taiwaneses contra las fuerzas coloniales japonesas. Dividida en dos fragmentos dada su larga duración, el último de ellos ocupa el octavo lugar de nuestra lista mientras que el primero cierra el top de esta semana. 
  
Por nuestro colaborador Francisco Nieto

CineAsia premiada en ImaginaMálaga 2011

A finales del pasado mes de Septiembre tuvo lugar el Salón del Manga de Málaga (ImaginaMálaga 2011). Nada más acceder al recinto nos recibía Raúl, de la organización, y nos mostraba donde estaba cada cosa (salón de actos, stands, lugar de actuaciones,…) y el mural de esta edición 2011.

El ambiente no podía ser mejor, muchos jóvenes lucían sus elaborados cosplay, había multitud de puestos con artículos relacionados con el cómic, manga y merchandising de lo más variado. Además durante todo el evento se celebraron actuaciones, concursos, conferencias y presentaciones de libros.

Desde aquí queremos hacer llegar nuestro más sincero agradecimiento a toda la organización de ImaginaMálaga por haber pensado en nosotros, pues CineAsia recibió el “Premio a la difusión de la cultura oriental”. En todo momento nos sentimos muy arropados y la entrega de premios fue una locura, en el buen sentido de la palabra. El presentador, muy simpático y además, seguidor confeso de Star Trek: como podéis imaginar estaba atacado pensando que tenía que dar un premio a la Oficial Klingon Spice Williams, que por allí andaba haciendo gala de su buen estar y simpatía. El resto de premiados y asistentes, entre los que se encontraban las chicas de Xian nu Studio (Bakemono), no paraban de aplaudir a todo aquel que subía a recibir su galardón. Menos mal que no nos tocó cantar nada en japonés –nos libramos por los pelos, pues desde que Emanuela Lupacchino celebró su premio cantando “una rosa es una rosa” de Mecano, parecía que todos íbamos a tener que mostrar nuestras dotes artísticas. Para rematar, como guinda del pastel, tuvimos oportunidad de disfrutar de un pequeño show de Curt Savoy (sí, el más famoso silbador de las películas del oeste).

La verdad es que pasamos una tarde-noche muy agradable y que no olvidaremos fácilmente. ¡Muchas gracias Málaga!

Por nuestros colaboradores Salva Navarro y Rocío Vázquez

viernes, 16 de diciembre de 2011

¿Quieres una edición en dvd de El Arpa Birmana del japonés Kon Ichikawa?

Año 1945. En las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial, los japoneses están a punto de firmar la paz en Birmania. Un soldado nipón que toca el arpa queda horrorizado por la muerte y destrucción que lo rodean. Terminado el conflicto, decide regresar al lugar convertido en un monje con el firme propósito de dar sepultura a los fallecidos.

A Contracorriente Films acaba de editar en España por primera vez El Arpa Birmana, maravilloso alegato antibelicista que constituye uno de los mejores títulos en la historia del cine japonés. Candidato al Oscar®, en la categoría de Mejor Película de Habla No Inglesa, Kon Ichikawa firmó este poderoso film de referencia convertido en un clásico de gran valor universal. El film ha sido fuente de inspiración para muchos directores, entre ellos, Terrence Malick y su film La Delgada Línea Roja.

La edición en DVD (que ya está disponible a la venta) incluye entrevistas realizadas en 2007 al director Kon Ichikawa (un año antes de su muerte) y al actor Rentarô Mikuni. La película se ofrece con un master restaurado a partir de un nuevo transfer digital en alta definición. La edición también incluye un libreto de 16 páginas con el comentario crítico exclusivo de Carlos Aguilar.

Desde CineAsia online queremos participar de este lanzamiento con el regalo de varias ediciones de la película a los aficionados. Para participar, sólo tenéis que dejar vuestra opinión sobre la película, o la novela en la que está basada de Michio Takeyama, o bien decirnos tres películas dirigidas por el maestro del cine japonés Kon Ichikawa. Con el conjunto de respuestas realizaremos el sorteo de cinco unidades de la película. El sorteo se celebrará en la víspera de Reyes, el 5 de Enero, y el 6 conoceréis a los ganadores.

Podéis dejar vuestros comentarios: en el blog (respuesta a esta entrada), en facebook, en twitter, o en esta dirección de correo electrónico. Muchas gracias a todos por participar.

Para más información visita la web de A Contracorriente                                                                                       

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Wu Xia (China, 2011)

Año: 2011
País: Hong Kong, China.
Director: Peter Chan.
Duración: 115 m.
Género: Artes marciales.
Protagonistas: Donnie Yen, Takeshi Kaneshiro,
Wei Tang, Wang Yu, Kara Hui.

Sinopsis: Durante la Dinastía Qing (1917), en la cúspide de la transición de China de la monarquía a una república, Liu (Donnie Yen), es un fabricante de papel que vive de forma apacible con su esposa Ayu (Tang Wei) y sus dos hijos. A su remota aldea llega el detective Xu (Takeshi Kaneshiro), quien está investigando la muerte de dos bandidos durante un robo. Su tenaz investigación le llevará a concluir que Liu esconde más de un horrible secreto que acabará por amenazar a la aldea y a su familia.

Crítica:
No es esta una película al uso que vayan a disfrutar los aficionados más acérrimos a las piruetas de Donnie Yen. Aquí las escenas de acción, que con todo y con eso las hay y muy buenas (con un dinamismo excelente en los combates y muy bien coreografiadas por el propio Donnie Yen), quedan minimizadas por la potente historia y el estilo visual empleado por Peter Chan, un auténtico maestro a la hora de trasladar a la gran pantalla el espíritu y el alma de los wuxia clásicos, como ya demostró hace unos años en la magnífica The Warlords: los señores de la guerra. Moviéndose de nuevo con un elenco actoral que quita el hipo: Donnie Yen (siete películas en tres años y no te cansas de verlo), Takeshi Kaneshiro (actor fetiche del director) y la guapísima Tang Wei (inolvidable desde aquella maravillosa interpretación en  Deseo, Peligro, de Ang Lee), Chan logra fusionar de manera meritoria los elementos que atraen al público internacional con algunas de las sensibilidades autóctonas de las artes marciales. El film gana en originalidad cuando se nos presentan algunas escenas en planos generales y al cabo de un tiempo se vuelven a mostrar esas mismas secuencias desde primeros planos y planos medios. Es lo que ocurre, por ejemplo, en el enfrentamiento que tiene lugar entre Liu y los dos ladrones que se dedican a agredir impunemente al tendero del pueblo. Cuando el detective Xu pida a Liu que vuelva a relatar de manera pormenorizada cómo ocurrió la refriega, se nos volverán a mostrar las mismas imágenes, pero con una diferencia sustancial que enriquece y de qué manera el conjunto (no desvelaremos nada, aunque diremos que es un fragmento digno del mejor de los episodios de cualquier CSI). Liu es el centro de todo lo que acontece; su escondite perfecto se verá dinamitado cuando los viejos fantasmas familiares en forma de setenta y dos demonios aparezcan para reclamar lo que es suyo. Aunque la trama del hombre con un pasado teñido de violencia que busca la paz y el sosiego cobijándose en una nueva identidad se haya tratado una y mil veces en el cine (citaríamos dos ejemplos, uno de cine clásico: Llega un Pistolero, con Glenn Ford; y otro de cine moderno: Una Historia de Violencia, de David Cronemberg), la importancia de los personajes en el peso de la trama (tanto Yen como Kaneshiro están espléndidos en sus respectivos roles), sus motivaciones y el dramón familiar que se nos explica, hacen de ésta una propuesta realmente recomendable. La intriga está muy bien llevada, y las soluciones a los diversos enigmas se nos irán administrando a cuentagotas, aunque quizás algunos momentos están explicados de manera un tanto torpe.

A destacar también la hermosa escenografía, cuidada hasta el último de los detalles, y que recuerda por su rusticidad a films clásicos como Tierra Amarilla de Chen Kaige; y la cuidada banda sonora de Peter Kam, quien ya trabajara a las órdenes de Peter Chan en la ya citada con anterioridad Warlords. Se agradece también que en las escenas físicas no se haya abusado ni de las cuerdas ni de los efectos digitales, lo que dota al conjunto de un dinamismo y un realismo bastante conseguido, lejos de esas propuestas tan fantásticas como poco creíbles que provocan el rechazo de quien las mira. En definitiva, un curioso acercamiento a un género que parece revitalizarse por momentos (Reign of Assassins sería otro título a tener muy en cuenta) uniendo espectáculo con momentos de gran belleza espiritual. Tiene alma, tiene mensaje y es una delicia.

Lo mejor: Su apuesta por redefinir el género al que da nombre el film.
Lo peor: Su resolución puede decepcionar por no seguir las pautas establecidas en este tipo de films.

Por nuestro colaborador Francisco Nieto