viernes, 15 de octubre de 2010

The Shock Labyrinth 3D: ¿Por qué no continuaste con La Maldición, Shimizu?

De nuestro colaborador Jordi Codó

Parece indiscutible que la tecnología 3D viene (de nuevo) a reforzar un concepto de ‘cine de atracciones’ que juega con el espectador al puro impacto y la vana sorpresa. Tiene todo el sentido del mundo, entonces, que Takashi Shimizu haya decidido situar su primer proyecto en tres dimensiones en un parque de juguetes mecánicos. Lástima que este autoconsciente planteamiento se vea lastrado… por todo lo demás. Incomprensiblemente, lejos de dotar al film de una narración directa, sin tapujos ni coartadas (como la de The Grudge), que habría dado mayor brío al espectáculo, el guión se embrolla en un complicado juego de puntos de vista que termina por no aclarar la confusión creada, y que no hace sino intentar camuflar en balde su simple historia de fantasmas vengativos.

En el plano estético, se agradece el recurso a la poesía visual y la moderación de los ‘sustos’, pero a pesar de estas muestras de sofisticación el aspecto general de la imagen es ordinario, quizás por una mala adaptación (o un mal uso) de las texturas en el relieve.

Sea por lo que sea, el resultado parece más de una atracción de Futuroscope que de un certamen de cine. En definitiva, una de las mayores decepciones de festival, que sólo tendrá sentido si Shimizu aprovecha la experiencia a la hora de modelar su próximo videojuego… tal vez en 3D.
           

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